EL BARROCO EN LA MÚSICA CLÁSICA

 
En terminología musical, la palabra Barroco se aplica a la música escrita durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII. Un punto común une el arte sonoro de ambas centurias: el empleo de la técnica del bajo continuo. La música barroca, cuya denominación más culta es la de música de estilo concertante, cuenta con un genial prólogo protagonizado por Monteverdi y con un magnífico epílogo, tal vez irrepetible, encarnado en Johann Sebastian Bach. Los compositores barrocos sentaron las bases para el desarrollo de la música occidental de los últimos tres siglos.
 
Al abordar el estudio de este período musical, es conveniente alejarse ligeramente del campo de la música y extender la visión al resto de las artes. Sus características en relación con la etapa precedente, el Renacimiento, nos darán la clave de su trascendencia y significación.

El Barroco supuso el fin de la concepción artística del Renacimiento, basada en la perfección de la forma según los modelos clásicos. En consecuencia, a la claridad renacentista, el Barroco opuso claroscuros; a la sencillez en el trazo y en la línea, curvas abigarradas y superposición de elementos.

Frente al aspecto luminoso en superficie, el Barroco apostó por la profundidad. En este período las artes en general se amalgamaron a fin de constituir un todo sublime y grandioso, y las artes plásticas en particular establecieron una estética asentada en la ornamentación y en la búsqueda de la grandeza. La música, como es lógico, no escapó a estas tendencias y las tradujo a su lenguaje. Así, el Barroco musical nació al alternar los instrumentos con las voces sin orden determinado, en busca siempre del efecto artificioso de contraste mediante la alternancia de todos los efectos posibles (coros, solistas, madera y cuerda), constituyendo un todo suntuoso.
 

ARS NOVA

 
Cuando miramos, por ejemplo, una foto nuestra de hace algunos años, nos damos cuenta del tiempo transcurrido y solemos decir que los vestidos o el corte de pelo están «anticuados». La evolución y la moda siguen su curso y sólo con una perspectiva suficiente se consigue ver el camino andado. Eso es lo que sucedió a la mayoría de los músicos del siglo XIV al considerar la producción anterior al año 1300, a la que bautizaron como «arte antiguo» (Ars Antiqua).
 
El Ars Nova de Philippe de Vitry (quien, además de compositor y poeta, fue obispo de Meaux) es, en realidad, un tratado de notación musical que impulsó las novedades rítmicas características de este «arte nuevo».
 
Frente a ellas, se alzó el teórico Jacques de Liége con su monumental Speculum musicae en defensa del «arte antiguo» y en contra de la notación (y, por tanto, de los aspectos rítmicos) del Ars Nova. Esta obra, que consta de siete libros divididos en 521 capítulos, es el tratado enciclopédico más extenso que existe sobre teoría musical.
 
Las características más importantes de este período son de dos órdenes: en primer lugar, y desde un punto de vista técnico, se produjo la emancipación del metro usado en el Ars Antiqua y una utilización de valores de nota cada vez más pequeños; en segundo lugar, hubo un desplazamiento de la música, que hasta entonces había surgido de los centros religiosos, hacia el mundo profano.
 

ARS ANTIQUA


Llamamos Ars Antiqua al período de la historia de la música que engloba las obras compuestas durante los siglos XII y XIII.
 
La denominación Ars Antiqua tiene su origen en los teóricos del Ars Nova del siglo XIV, los cuales hablaban de la música de su tiempo contraponiéndola a la música anterior, o «arte antiguo», bien con elogios, bien despectivamente.

En general, daban al término Ars Antiqua un sentido peyorativo, con el que querían subrayar la diferencia entre los dos estilos y destacar, sobre todo, las innovaciones rítmicas que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIV. Aquellos teóricos limitaban el Ars Antiqua a la segunda mitad del siglo XIII.

En sentido estricto, el término Ars Antiqua se aplica actualmente a la música francesa del siglo XIII. Pero en un sentido más amplio se emplea para designar también toda la producción polifónica anterior. Según esta concepción, este período histórico abarca dos etapas: una caracterizada por la polifonía compuesta en torno a la catedral parisina de Notre Dame desde 1160 hasta 1240, aproximadamente, y otra (el Ars Antiqua propiamente dicha) cuya actividad se extiende hasta principios del siglo XIV.