LA MÚSICA DE CÁMARA


Se entiende por «música de cámara» la destinada a ser interpretada por un número relativamente reducido de músicos. El término «de cámara» debe su origen a que, antes de que los conciertos públicos en grandes salas destinadas al efecto fueran habituales, había un tipo de música que no se interpretaba en la iglesia, ni en los teatros ni en el exterior, sino en los salones o «cámaras» de los palacios de los nobles o de las mansiones de la burguesía adinerada.

En 1788, Mozart escribió una carta a un rico comerciante vienés en la que le decía: «¿Cuándo podremos volver a tener un poco de música en vuestra casa? Acabo de escribir un nuevo trío.» Este fragmento ilustra un hecho frecuente entre las familias acomodadas de la burguesía, de la nobleza y no digamos de la aristocracia: se acostumbraba tocar y escuchar música en las casas, interpretada por unos pocos profesionales o aficionados (a veces alguno de los miembros de la familia) y dirigida a un selecto y reducido ambiente de conocedores.

 
Hoy día usamos la expresión música de cámara para definir este tipo de música que acabamos de describir, aun cuando se toque en un teatro con un aforo de 2.000 personas o más.


Pero durante los siglos XVII y XVIII la asistencia multitudinaria sólo se lograba en un teatro, para asistir a una representación de ópera, o en una iglesia, para escuchar un oratorio, por ejemplo, no para oír un trío o una sonata. De todas formas, ya desde principios del siglo XVIII solía intercalarse entre los actos de una ópera un intermezzo, que podía ser de tipo camerístico (es decir, interpretado por unos pocos instrumentistas), e incluso algunos oratorios iban precedidos por una symphonia, el oratorio Dives malus, de Giacomo Carissimi (1605-1674), habitualmente se ejecutaba después de la Sinforda para pequeño grupo de cuerda y bajo continuo, de Gregorio Allegri (1582-1652)). Así pues, el "término cámara", que designaba el lugar donde se reunían los músicos, pasó con el tiempo a definir el contenido de esta voz, o sea, al grupo reducido de personas que interpretan la música que antes se tocaba en los salones o cámaras de los palacios de nobles y burgueses, formando habitualmente sus integrantes tríos, cuartetos, quintetos, sextetos y octetos, entre las agrupaciones más comunes.

Este cambio, iniciado tímidamente en el Barroco, según hemos visto, torno carta de naturaleza durante el siglo XIX, cuando las reformas que se hicieron en los instrumentos les dieron la potencia y sonoridad para poder ser efectivos en una gran sala de conciertos. Matizando un poco mas añadiremos que la expresión música de cámara la usamos solamente cuando hay mas de un interprete implicado en la ejecución de una obra y no cuando se trata de un recital de un pianista por ejemplo, aunque etimológicamente tendría pleno sentido hacerlo.

Sonata "da camera"
 
Si nos trasladáramos a la Italia del siglo XVII, asistiríamos al nacimiento de una nueva manera de entender la música, que posteriormente hemos denominado Barroco. En este período vieron la luz nuevas formas musicales, entre ellas la sonata (de la voz latina sonare, que quiere decir tocar; era, por tanto, una pieza instrumental) y la cantata (del latín cantare; por consiguiente, pieza fundamentalmente vocal).

La sonata da camera era la antítesis de la sonata da chiesa (de iglesia). Esta última constaba habitualmente de cuatro movimientos contrastados de la siguiente forma: lento-rápido-lento-rápido, y no había, al menos de forma explicita, ninguna danza entre ellos. En cambio, la sonata da camera tenia una estructura parecida a la suite, forma musical compuesta por un conjunto de danzas que tenían un carácter extravertido y ligero. Los movimientos de una sonata da chiesa podrían ser, por ejemplo, Largo-Allegro-Largo-Presto, mientras que los de una sonata da camera serian Allemande-Courante-Sarabande-Gigue.
 
Cantata" da camera"
 
En sus inicios, la cantata tenia su espacio habitual de interpretación en los salones de los nobles (cantata da camera) o en las iglesias (cantata da chiesa).
 
Esta última tuvo su época de máximo apogeo durante el Barroco, especialmente en la Alemania protestante, donde se compusieron un numero inaudito de cantatas de extraordinaria calidad, cuya culminación fueron las escritas por Johann Sebastian Bach. Estas cantatas da chiesa eran interpretadas por unos solistas, coro, instrumentos y el acompañamiento del bajo continuo.
 
La cantata da camera, en cambio, solía tratar temas profanos, sobre todo de carácter amoroso, y requería un numero reducido de solistas, por ejemplo, una soprano y un flautista o un clavicembalista.
 
De todas formas, si ya en el caso de la sonata anteriormente expuesto había autores que la componían con la estructura da chiesa para ser interpretada junto con sonatas da camera en los salones burgueses o nobles, en el caso de la cantata esa división todavía es más flexible. Existen, efectivamente, un gran número de cantatas profanas que necesitan de tantos intérpretes como las religiosas. Y viceversa, hay algunas cantatas religiosas da camera, como por ejemplo la bella colección de Telemann titulada Der harmonische Gottesdienst, escrita para una voz, un instrumento y bajo continuo, que estaba destinada a ser tocada «fundamentalmente para uso privado y en la casa antes que en la iglesia», según palabras del autor.

El esquema típico de una cantata da chiesa sería el siguiente: sonatina (instrumentos)-tutti (coro e instrumentos)-recitativos y arias (solistas e instrumentos)-coral (tutti).

En cambio, el perteneciente a una cantata da camera sería: recitativo-ária-recitativo-aria.

Divertimento «da camera»

 
El divertimento (o divertissement), así como el trattenimento, formas habituales a partir del Barroco, tenían, como su nombre indica, un carácter ligero y la pretensión de entretener a la audiencia, aunque, por supuesto, debían estar escritos «a regola de ben composto concerto», según señala Francisco J. de Castro en 1695.
 
Aunque hay algunos divertimenti vocales, cuando utilizamos esta palabra nos referimos en general a obras instrumentales con una estructura parecida a la de la suite o a la sonata.

Muchos autores han escrito divertimenti. En el Barroco, Johann Fischer escribió los Musicalisch Divertissement; en el período clásico, Mozart compuso diversos Divertimenti; durante el Romanticismo, Schubert escribió un Divertissement á l'hongroise y, ya en el siglo xx, Bartók compuso un Divertimento. Pero cuando un autor coloca la apostilla da camera (Divertimenti da camera tradotti..., de Giovanni Bononcini, 1722), quiere decir que su composición está concebida para ser tocada en el interior de una casa, sin lugar a dudas. Esta especificación tiene sentido porque algunos divertimenti estaban pensados como música de exterior (serenatas), otros como intermedios de óperas o de obras teatrales, y otros, finalmente, como piezas de cámara (Haydn, por ejemplo, escribió unos Divertimenti para instrumentos de viento y otros para clavicémbalo o piano; además, sus primeras sonatas para teclado llevaban este título).

La diferencia principal entre los divertimenti de cámara y los que estaban previstos para ser tocados al aire libre radicaba evidentemente en la sonoridad de los instrumentos.

Orquesta de cámara

 
Durante el Barroco, los instrumentos gozaron por primera vez de autonomía respecto a la voz. Efectivamente, durante el Renacimiento, con las obras típicas per cantare et sonare (es decir, piezas fundamentalmente vocales en las que los instrumentos podían doblar, ornamentar o incluso sustituir a la voz, pero que siempre permanecían a su sombra), el reducto de la música instrumental era la danza.

Los siglos XVII y XVIII representaron, por lo tanto, una época básica para el desarrollo de la música instrumental. Los compositores se dedicaron a escribir música para todo tipo de combinaciones de instrumentos, la cual estaba destinada únicamente a ser escuchada, un campo nuevo que no contemplaba ni el canto ni la danza. Algunas de estas combinaciones cayeron enseguida en el olvido, pero otras se mostraron eficaces. De este modo se fue desarrollando la orquesta durante estos dos siglos, con aportaciones y cambios a un núcleo principal formado por los instrumentos de cuerda. Hacia el final del siglo XVIII, con la incorporación de los clarinetes, podemos decir que la orquesta queda ya estandarizada y recibe el entusiasmo de autores como Mozart y Haydn, que le dedican obras magistrales. Desde esta época hasta principios del siglo XX, la orquesta va recibiendo obras de grandes compositores y el número de músicos solicitados va en aumento hasta llegar a las monumentales obras de Mahler, Richard Strauss, Schónberg o Stravinski. A principios del siglo XX, no obstante, algunos autores recuperan el grupo más reducido de músicos para alguna de sus composiciones. Así, Schónberg compone su Sinfonía de cámara en 1906; Richard Strauss escribe en 1912 su Ariadne en Naxos para una orquesta de poco más de 30 músicos (en clara oposición a los casi 150 que precisa otra ópera suya, Elektra). Algunos compositores, pues, quisieron recuperar aquella primera orquesta de finales del siglo XVIII, pero otros, como Stravinski en Histoire du soldat y en otras obras suyas, se propusieron ir aún más lejos y recuperar la época previa, aquella en que se buscaba una combinación instrumental casi para cada ocasión.

El siglo XX, pues, nos da una nueva oportunidad de distinguir entre la gran orquesta y la orquesta de cámara, más reducida, que se dedica a la interpretación de las grandes obras que básicamente pertenecen a los siglos XVIII y XX.



 

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