ARPA

 
El arpa es sin duda uno de los instrumentos más singulares del ámbito musical. Los bajorrelieves mesopotámicos, donde aparece con frecuencia reproducida, atestiguan que su antigüedad se remonta a unos 4.500 años.
 

Muy estimada en el antiguo Egipto, penetró lentamente en el continente europeo, donde, con el transcurrir del tiempo, se convirtió en el instrumento preferido de bardos y cortesanos.
 
Su constante evolución en el siglo XVII y, sobre todo, en las primeras décadas del siguiente, hizo del arpa un instrumento pleno, que, merced a Berlioz, consolidó su participación en la orquesta moderna.

El arpa es un instrumento de cuerda cuyos órdenes (nombre que se da a las hileras de cuerdas) están tendidos en regular progresión entre unos bastidores que forman ángulo.

Su diseño triangular lo integran los siguientes elementos: la caja de resonancia, la consola (parte superior donde se fijan las cuerdas) y la columna. La caja de resonancia, de madera de pino, esta colocada dentro de un casco de haya chapeado de madera preciosa (caoba, palisandro, etc.). En la parte interior de la caja se hallan colocados siete pedales que corresponden a las siete notas de la escala.

La consola presenta una forma de cuello de cisne; en su parte derecha hay unas clavijas que sirven para tensar y afinar las cuerdas; a su izquierda están las horquillas.

Las cuerdas, en numero de 46 en el modelo de arpa estándar, tienen una extensión de seis octavas y media y son de tripa de carnero o de nylon para el registro agudo, de seda recubierta de acero para el medio y de acero revestido de latón para el grave. La columna contiene la transmisión entre pedales y horquillas.

La gran especialidad del arpa son los arpegios y el efecto de glissando, que puede realizarse a gran velocidad. Tambien pueden obtenerse efectos parecidos al pizzicato; sonidos que recuerdan los producidos por una guitarra, sonoridades opacas, etc.

Origen y expansión:


Como ya hemos dicho, el origen del arpa es muy antiguo. No hay duda que su procedencia radica en civilizaciones mesopotámicas, donde la hallamos con las denominación de zagsal y zaggal. El primer nombre corresponde a un instrumento muy apreciado por los sumerios, que habitualmente lo tañían de rodillas, a diferencia del zaggal, que, a consecuencia de su gran tamaño, se tañía de pie. El zagsal contaba con una caja de resonancia que describía una curvatura a modo de arco, por lo que su aspecto recordaba un navío; de ahí que los asirios le dieran el nombre de "sabitu" que quiere decir nave.

Son varias las hipótesis que giran torno a la expansión del arpa. Hay quien opina que del noroeste asiático, extendió a los territorios escandinavos de los cuales pasó a Irlanda hacia siglo X. Otros creen que desde Egipto se introdujo en Grecia, donde tomó nombre de sambyke. Tras la caída Imperio Romano, pervivió un pequeño ejemplar de arpa portátil, que se difundió por el Mediterráneo.

Durante los primeros siglos de la Edad Media la evolución del arpa se mantuvo estacionaria hasta la aparición en Irlanda de un modelo más moderno que el mediterráneo, que recibió el nombre de clairseach (s. VIII y IX). Fue partir de entonces cuando quedó fijado el modelo que hoy conocemos formado por el resonador, la consola y la columna.

En el siglo XIV el arpa constaba de 24 das diatónicas que se tañían con las manos; los dedos de la mano derecha pulsaban las cuerdas, mientras que los de la izquierda actuaban con frecuencia a modo de cejilla acortando la longitud de las mismas, de manera que una misma cuerda podía producir distintos sonidos.

El uso de este instrumento fue extraordinariamente notable en la sociedad medieval, pero a partir del siglo XV inició un fuerte declive debido sobre todo a la presencia del laúd. No obstante, a lo largo del siglo XVI se imprimieron importantes colecciones de música arpística.

Señalemos por su importancia las de los españoles Venegas de Hinestrosa (1557) y Antonio de Cabezón (1578). En 1607, Monteverdi introdujo el arpa en la orquesta en su ópera L'Orfeo.

A partir del siglo XVIII fueron muchos los intentos realizados a fin de conseguir un arpa cromática, o sea, que tuviera todos los tonos y semitonos de la escala. A principios de esta centuria apareció un arpa de ganchos y hacia 1720 el arpa de pedales. Esta última fue un invento del constructor bávaro Jakob Hochbrucker. En 1782, George Coussineau la dotó de un mecanismo de doble pedal y en 1812 Sébastien Érard fabricó un arpa con siete pedales capaces de ejercer doble movimiento, lo cual supuso una gran mejora. A partir de ahí, los constructores franceses Érard y Pleyel continuaron perfeccionando el instrumento hasta conseguir resultados plenamente satisfactorios. Para promocionarlo, pidieron a varios compositores que escribieran obras para él. Debussy compuso "Danse sacrée et danse profane" (1904), para arpa e instrumentos de cuerda, y Ravel hizo lo propio con su "Introduction et Allegro" (1905), para arpa, cuarteto de cuerda, flauta y clarinete.

 


 

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