¿QUE ES UN ADAGIO?

 
Se entiende por adagio aquel período musical que se caracteriza por un desarrollo melódico pausado, moderadamente lento y de tono expresivo serio, profundo y a la vez desenvuelto.
 
El siglo de Beethoven valoró sumamente este movimiento, considerándolo «la expresión misma del sentimiento, la que sólo el alma puede concebir, y sólo ella es capaz de ejecutar».

El término adagio, hasta llegar a la comprensión que actualmente se tiene de él, ha sufrido múltiples alteraciones tanto en el campo etimológico como en el musical. En su origen, dicho vocablo se usaba para hacer referencia a un proverbio o refrán que se intercalaba en las cantinelas o canciones populares, y no fue hasta principios del siglo XVII cuando la voz adagio adoptó un significado específicamente musical. Sin embargo, a partir del siglo XI se emplearon a veces indicaciones de este tipo, pero su utilización no se consolidó por completo hasta el inicio del siglo XVI, en el que, debido a la influencia manierista ejercida en la música por las artes figurativas, se vio generalizado el deseo de conmover al oyente, y con ello la necesidad de crear un lenguaje expresivo más rico, sutil y elaborado. El adagio adquirió así por primera vez un significado propiamente musical, si bien, junto con las voces tarde lento, indicaba un breve paréntesis, interrupción dentro de una pieza más o menos extensa.
 
Finalmente, a partir de 1611, de mano de Adriano Banchieri, el vocablo pasó a designar un movimiento musical además de una cualidad expresiva; con frecuencia en esta época se escribía en sus formas abreviad ad° o adag°.

En el siglo XVIII se entabló una gran polémica acerca de la velocidad a la que debía ser interpretado el adagio, así como sobre su ordenación (de mayor a menor lentitud) dentro de los cinco movimientos musicales, a saber: largo, adagio, andante, allegro y presto; algunos músicos lo situaban en segundo lugar, después del largo, mientras que otros lo utilizaban para designar el movimiento más lento de todos.
 
Para su ejecución, durante la primera mitad del siglo se hizo uso frecuente de la ornamentación; pero más adelante se consideró de mal gusto y de evidente falta de cualidades interpretativas distorsionar un adagio mediante excesivos adornos.
 
En el siglo XIX se aceptó ya unánimemente el adagio como segundo tiempo de la sonata y como el movimiento más lento de la sinfonía y formas afines, tal y como lo conocemos en la actualidad: más lento que el largo, pero menos solemne y grave.
 
Por sus características, el adagio plantea una enorme dificultad al intérprete, que ha de poseer una gran maestría técnica y, al mismo tiempo, una notable profundidad emocional para ser capaz de mantener una línea melódica sin altibajos, equilibrada de principio al fin. Llama la atención, sin embargo, el hecho de que el adagio, pese a su dificultad, sea una de las expresiones musicales más empleadas después del allegro. Es habitual encontrarlo en combinación con las voces cantabile, sostenuto, appassionato, molto, etc., o bien en alternancia con otro movimiento más rápido: adagio-allegro-adagio; de este modo se precisa con mayor detalle el carácter que debe dominar la obra musical.
 
Como indicaciones de tiempo derivadas del adagio figuran el adagietto, de carácter más lírico y menos grave que aquél; el adagissimo, que es aún de mayor lentitud, y el adagio assai, más calmado que el adagio, pero considerablemente más rápido que el adagissimo.

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