ACORDEÓN

 

Uno de los instrumentos más singulares dentro de la música festiva y popular es el acordeón. Creado en Alemania en las primeras décadas del siglo XIX, su uso se propagó rápidamente por toda Europa, donde muy pronto florecieron agrupaciones orquestales integradas por acordeonistas. Su eco llegó a Estados Unidos y Latinoamérica, sobre todo a Argentina, donde nació una variante de este instrumento llamada bandoneón.
 
No obstante su carácter popular, el acordeón cuenta con un interesante repertorio de música culta.

Se compone el acordeón de un fuelle central unido a dos bastidores laterales, cada uno de los cuales alberga los pulsadores de las notas. El de la parte derecha (colocado el instrumento sobre el pecho) está formado por un breve teclado, en tanto que el de la izquierda está integrado por unas hileras de botones destinados al acompañamiento de la melodía, que realiza la mano derecha del instrumentista.
 
Su extensión normal es de tres octavas y media, aunque existen modelos con «acopiadores de octava» que pueden sobrepasar las cinco octavas. El acordeón es un instrumento portátil, de viento, cuya definición es sumamente sencilla: se trata de una armónica de fuelle, ya que su sonido se produce mediante unas lengüetas libres que vibran gracias a un fuelle accionado por el antebrazo izquierdo del músico. Cada nota cuenta con dos lengüetas de afinación idéntica: al penetrar el aire en el fuelle entra en vibración tan sólo una de ellas, mientras que durante la expulsión del aire inicia su vibración la lengüeta que permanecía inmóvil.

Antecedentes y creadores
 
Muchos han querido ver en el acordeón al heredero de unos pequeños órganos portátiles que fueron muy utilizados durante la Edad Media.
 
En alguna de sus reproducciones, abundantísimas en vitrales catedralicios, tapices y lienzos, podemos observar cómo el músico apoyaba el instrumento en su antebrazo izquierdo, cuya mano accionaba un pequeño fuelle; la derecha, libre de toda sujeción, pulsaba un pequeño teclado. En el año 1822, el constructor berlinés Buschmann creó un primitivo acordeón. Siete años después, Cyrillus Demian y sus hijos Karl y Guido patentaron en Viena un instrumento similar, si bien introduciendo notables mejoras; en ese mismo año, es decir, en 1829, apareció también en Londres otro ejemplar muy evolucionado (la concertina, obra de Wheatstone), que se supone inspirado en el modelo de Buschmann. En 1852 el parisino Bouton sustituyó los primitivos botones por un teclado, que fue el modelo común a partir de 1920.
 
Aunque el acordeón es un instrumento de carácter popular, su repertorio cuenta con numerosas transcripciones procedentes de obras cultas; existen, incluso, adaptaciones de los conciertos para órgano y orquesta de Haendel. Robert Gerhard dio cabida a este instrumento en alguna de sus partituras, al igual que Prokofiev, quienes, junto con Roy Harris y Paul Creston, dignifican su repertorio.


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