FRANZ LISZT

 
El compositor húngaro Franz (Ferenc) Liszt nació en Raiding el 22 de octubre de 1811 y murió en Bayreuth el 31 de julio de 1886.

Introducción
 
Liszt fue considerado por muchos el pianista virtuoso más grande del siglo XIX, aunque también desplegó una intensa actividad como director de orquesta, maestro y compositor. Tanto su música como su vida tipifican la imagen del artista romántico.
 
Su vida profesional de intérprete estuvo marcada por un éxito y una adulación sin precedentes, mientras que su vida personal se debatió entre las pasiones mundanas y el misticismo religioso tan vivamente manifiesto en su música. Su imaginación creadora, alejada de lo convencional, fue inspiración para algunas de las composiciones más intrépidas y progresistas de su época.
 
Activo proselitista de la nueva música, apoyó fervorosamente las obras de Wagner, Berlioz, entre otros. Su pasión por la música programática revitalizó la composición sinfónica inspirada en otras artes y en la literatura. Con su música, combinación de sensibilidad dramática y sincera fe religiosa, propugnó por una revolución de la música litúrgica y el oratorio. Con una impactante sensibilidad para captar el color tonal y las sonoridades pianísticas, en la música para piano Liszt supo explotar los recursos del instrumento a niveles nunca antes vistos; inclusive Brahms, quien no comulgaba por completo con el estilo de Liszt, afirmó que, así como Mozart era el representante del clasicismo, Liszt representaba "el clasicismo de la técnica pianística".
 
En sus años de madurez, a través de sus clases magisteriales pudo transmitir sus reflexiones interpretativas a toda una nueva generación de pianistas; muchos alumnos suyos se convirtieron en aclamados intérpretes.
 
Si bien la vasta producción musical de Liszt abarca prácticamente todos los géneros, en el terreno de la ópera solamente incursionó con la intrascendente obra de juventud Don Sanche (en su madurez emprendió la composición de una ópera basada en Sardanápalos de Byron, pero jamás la completó); su música de cámara fue de mínima trascendencia.
 
En sus obras abundan las innovaciones formales y armónicas, en ocasiones adelantándose a los recursos del siglo XX; irónicamente, el criterio recurrente que lo sitúa como "el inventor" del poema sinfónico no es comprobable a través del análisis de su obra (inicialmente utilizó el título de "poema sinfónico" para obras que previamente había denominado oberturas de concierto), como tampoco puede decirse que su concepto de "metamorfosis temática", rasgo distintivo de mucha de su producción, represente algo más novedoso que el principio de variación temática utilizado en la música desde tiempos inmemoriales.
 
Los juicios tan reiterados del propio Liszt sobre la originalidad de su música programática (nuevas botellas para nuevos vinos; formas, no fórmulas), no deben minimizar la importancia que para él tuvo la forma sonata como soporte estructural de muchas de sus grandes obras; es innegable también la influencia que ejercieron en su música compositores como Beethoven, Berlioz, Chopin y Weber.

Juventud
 
El padre de Liszt, músico aficionado y aspirante frustrado al sacerdocio católico, era dependiente administrativo de las propiedades de los Esterházy cercanas a Raiding (región húngara de habla alemana); su madre fue una mucama originaria de la baja Austria. A pesar del orgullo de la pareja por sus raíces húngaras, su único hijo jamás aprendió la lengua húngara. Liszt habló alemán y en la adolescencia aprendió un francés tan fluido que, según consigna una crítica de prensa italiana que atesoraba, se le tomaba por "un húngaro disfrazado como francés".
 
A temprana edad se reveló como niño prodigio, debutando en Odenburg (hoy Sopron) a la edad de nueve años con un concierto para piano de Ries. Otro concierto en Pressburg (hoy Bratislava) atrajo la atención de muchos nobles que decidieron financiar sus estudios musicales en Viena, donde fue discípulo de Czerny en piano y de Salieri en composición.
 
Uno de los recuerdos que más enorgullecían a Liszt fue haber conocido a Beethoven en esta época (el momento preciso sigue siendo objeto de polémica); su primera composición publicada fue una modesta obra de variaciones sobre el mismo vals de Diabelli que Beethoven usara para una de sus composiciones más ambiciosas.
 
Sorprendentemente, Czerny fue el único maestro renombrado de piano que tuvo Liszt, y sólo lo fue durante poco más de un año. A lo largo de toda su vida, Liszt estuvo agradecido con Czerny por la preparación rigurosa que le supo dar, dedicándole los 12 Grandes études como fruto de sus enseñanzas.
 
En 1823, en busca de mejores perspectivas para el desarrollo del talento de su hijo, la familia se trasladó a París. El intento de inscribir a Liszt al conservatorio se vio frustrado por el director, Cherubini, quien informó a la familia que su hijo no podía ser aceptado por ser extranjero. El padre decidió entonces contratar a Par como maestro de composición y a Reicha para su preparación teórica.
 
En ese tiempo, Liszt comenzó una relación de mutuo beneficio con la casa Érard, cuyos pianos fueron sus instrumentos predilectos. Sus apariciones en concierto aumentaron gradualmente y el niño prodigio comenzó a forjar una notable reputación como pianista, realizando tres exitosas visitas a Inglaterra entre 1824 y 1827.
 
Su reputación como compositor crecía también y recibió un impulso mucho mayor con la representación parisina de su ópera Don Sanche en octubre de 1825. Esto se sumaba a un catálogo de composiciones en constante aumento, con sonatas, conciertos para piano y, en 1826, el "Étude en douze exercices", posteriormente base de los 12 Grandes études y de su revisión con el título Études d'exécution transcendante.
 
Las obras juveniles de Liszt que se conservan, inclusive la ópera y varias piezas para piano, despliegan una soltura precoz, pero muy alejada del nivel de Mozart o de Mendelssohn en su adolescencia. Inclusive una década después, Schumann comentó que el encanto pianístico de Liszt siempre opacaría sus alcances compositivos.
 
El próspero desarrollo de la vida profesional de Liszt se vio interrumpido abruptamente con la repentina muerte de su padre en 1827. El suceso, sumado a la frustrada relación con una de sus alumnas, Caroline de Saint-Cricq, a la que consideró siempre su primer amor, lo sumieron en una etapa depresiva de mala salud, al grado que, en 1828, el periódico Le Corsaire llegó a publicar su obituario. Los rumores sobre la muerte de Liszt, exagerados al exceso, contribuyeron a un mayor alejamiento de la vida pública para dedicarse a la contemplación religiosa. Finalmente logró salir de ese estado gracias a la Revolución de julio de 1830: "Los cánones religiosos lograron curarlo", comentó después su madre con evidente alivio; la conciencia revolucionaria motivó a Liszt a esbozar un casi caótico esquema de sinfonía "revolucionaria" y despertó su interés en buscar la transformación de la sociedad por medio del arte, ideal compartido con escritores contemporáneos como Félicité de Lamennais, Alphonse de Lamartine, Víctor Hugo y George Sand.
 
Con la plena consciencia de su falta de formación académica, se entregó a la tarea de un proceso de aprendizaje autodidacta y se involucró en el movimiento sansimoniano, cuyos preceptos se basaban en una interpretación casi socialista de la palabra de Cristo. En este periodo entabló relaciones con compositores como Chopin, Berlioz y Alkan, y con pintores como Eugéne Delacroix y Ary Scheffer, contactos que contribuyeron a su formación como artista de amplia inclinación humanista e ideales cosmopolitas.
 
Musicalmente, su encuentro en 1832 con el virtuosismo casi demoniaco de Paganini, lo llevó a replantear su enfoque de la interpretación, y motivó su deseo de adquirir en el piano una técnica equivalente a la desplegada por Paganini en el violín. La fantasía sobre La Clochette, compuesta un año después, fue el primero de sus tributos creativos a Paganini en pos de su nueva ambición pianística; después de esta obra, recreó algunos de los caprichos del violinista italiano en sus Études d'éxécution transcendante d'aprés Paganini.
 
En 1832, Liszt vivió otro acontecimiento tan significativo para su vida personal como lo fuera Paganini para su vida artística: conoció a Marie, esposa del conde Charles d'Agoult. Involucrados en una tormentosa relación los dos amantes huyeron a Ginebra en 1835, escandalizando a la sociedad parisina que habían dejado atrás; se desataron así las primeras habladurías sobre la vida amorosa de Liszt, que no serían las últimas. La pareja tuvo tres hijos; una de ellas, Cosima, se convertiría en esposa de Richard Wagner.
 
Los viajes a Suiza e Italia con Marie d'Agoult inspiraron las piezas del Album d'un voyageur, posteriormente revisadas para conformar el primer volumen de Années de pélerinage, titulado "Suiza"; en esta época trabajó también en el volumen italiano, relegado temporalmente al retomar su vida profesional como concertista y comenzar su "Glanzperiode" (días de gloria) como virtuoso viajero.
 
Entre 1839 y 1847 realizó giras por prácticamente toda Europa, incluyendo Rusia y Turquía, como el más célebre pianista de todos los tiempos aclamado e idolatrado por el público, despertando en las mujeres pasiones no muy decorosas, pero igualmente bien recibidas. Se acuño así un nuevo término: "Lisztomanía". De sus contemporáneos únicamente Sigismond Thalberg, con quien sostuviera un célebre "duelo" pianístico en 1837, se aproximó a su fama.
 
Liszt estableció el "recital" solista (hasta entonces, la mayoría de los conciertos eran considerados actos de variedad), e incluyó en su repertorio una plétora de hábiles transcripciones y fantasías; muchas de estas piezas, como la fantasía sobre Don Juan, son un despliegue de imaginación y creatividad que las eleva a la categoría de verdaderas obras de arte. Sin embargo, para 1847 Liszt veía en la incesante vida de conciertos un impedimento para su actividad compositiva que, por igual, había propiciado la ruptura de su relación con Marie d'Agoult.
 
Años antes, en 1842, había aceptado el puesto de "Kapellmeister in ausserordentlichem Dienst" en Weimar, sin realmente poner gran atención en ello, pero en 1848 se instaló permanentemente en la ciudad y, poco después, se unió a la princesa Carolyne du Sayn-Wittgenstein, su nueva amante y fervorosa admiradora de su genio compositivo. En Weimar dio comienzo a una nueva era de logros artísticos.

Madurez creativa
 
El periodo de Liszt como Kapellmeister en Weimar fue el más productivo de su vida musical y consolidó su reputación definitiva como compositor de renombre. Logró convertir a la pequeña ciudad en un verdadero centro de la música vanguardista de su tiempo (con el estreno de obras como Lohengrin de Wagner en 1850 y la organización de dos festivales Berlioz), desarrolló su técnica de dirección orquestal y compuso un vasto repertorio de música con armonía radical, como los 12 poemas sinfónicos (Les Préludes, Orpheus, Tasso, Mazeppa, Prometheus, Festickinge, Hungaria, Heroide funébre, Ce qu'on entend sur la montagne, Die Ideale, Hunnenschlacht y Hamlet), la Sinfonía Fausto (1854-1857), una sinfonía basada en la Divina Comedia de Dante (1855-1856), Dos Episodios del "Fausto" de Lenau, dos conciertos para piano, Totentanz para piano y orquesta, la Sonata para piano en si menor y toda una serie de importantes obras para piano, como las versiones finales de los Estudios trascendentales, los Estudios Paganini y los primeros dos volúmenes de Années de pélerinage.
 
En 1857, todavía como Kapellmeister en Weimar, comenzó la composición del oratorio Santa Isabel, mismo que terminó en 1862, un año después de su renuncia al puesto a causa del anquilosamiento musical provocado por lo que consideraba un provincialismo insalvable.
 
Liszt cambió su residencia a Roma en 1861, inicialmente motivado por sus intenciones matrimoniales con la princesa Carolina justo al cumplir los 50 años de edad, pero la ceremonia debió cancelarse a causa de las maquinaciones desatadas en el Vaticano por monseñor Gustav Hohenlohe, cuyo hermano menor desposó a la hija de la princesa Carolina, impulsado por la idea de que unas nuevas nupcias de la madre podían poner en riesgo la herencia de la hija.
 
Aún sin poder cumplir con su propósito inicial, Liszt permaneció en Roma con una ambición de reforma de la música eclesiástica, objetivo que no pudo llevar a cabo a pesar de su amistad con el papa Pío IX, quien se dirigía al músico como "mi querido Palestrina". Para sorpresa de muchos de sus contemporáneos, la vocación religiosa de Liszt se fue intensificando hasta tomar las órdenes menores en 1865; en ese tiempo terminó su obra más extensa, el oratorio Christus (1867).
 
A partir de 1869 Liszt pasaba casi todos los veranos en Weimar y los inviernos en Roma, y visitaba Hungría una vez por año para atender la academia musical que había fundado en Budapest; esta "vie trifurquée" sería su patrón de vida hasta su muerte. Entretanto, su estilo compositivo pasaba por una profunda transformación, en parte alimentado por su amor por la experimentación, pero principalmente a causa de la creciente amargura y frustración que sentía por la vida.
 
En lo artístico, sus sueños de crear una nueva era artística de oro en Weimar quedaron inconclusos, su visión para inyectar una nueva vitalidad a la música litúrgica se había desvanecido y su música más ambiciosa era aborrecida por la crítica conservadora y desconcertaba al público de concierto.
 
En lo familiar su hijo Daniel había muerto prematuramente en 1859 y su hija Blandine en 1862, mientras que su única hija viva, Cosima, se había involucrado en una relación adúltera con Wagner. Todo esto, sumado a la posterior conversión de Cosima al protestantismo para tener la posibilidad de contraer nuevas nupcias, afectaron profundamente a Liszt, quizá por el paralelismo con la vida de su propia madre. Liszt y Wagner finalmente se reconciliaron en 1870, pero las relaciones entre el padre y la hija siguieron zozobrantes, en especial después de la muerte de Wagner en 1883.
 
En sus últimos años de vida, Liszt recuperó el optimismo, su música comenzaba a capturar la atención del público ("Puedo esperar, decía a sus alumnos"), y la admiración de una generación de pianistas jóvenes como Ignacy Friedman, Emil Sauer y Frederic Lamond rayaba casi en la idolatría. En su visita a Inglaterra en 1886, recibió el trato de una verdadera celebridad, con entusiasmo y afecto genuinos. Falleció en Bayreuth en ese mismo año.

El legado musical
 
La música de Liszt vale tanto por lo que es como por lo que motivó en otros. Wagner admitía sin reserva, aunque sólo en privado, que el desarrollo de su propio estilo lo debía en gran medida a la obra lisztiana del decenio de 1850. Compositores posteriores como Debussy, Bartók, Busoni y Schoenberg se inspiraron en sus atrevidas experimentaciones armónicas y formales. En las décadas finales de su vida "arrojó su lanza hacia el futuro lejano" (frase de la princesa Carolina), con la incorporación de armonías de tonos enteros (Der traurige Mónch, Nuages gris), ríspidos choques disonantes y tritonos (Unstern), acordes cuartales (el tercer vals Mephisto) y evitando la estabilidad tonal (Bagatelle sans tonalité).
 
El carácter fragmentario de búsqueda reflejado en gran parte de la música de madurez de Liszt, siempre ha dado la sensación de un desprendimiento demasiado excéntrico de las grandes obras de su periodo de Weimar, como también de la bravura desplegada en la música de su Glanzperiode, pero tal vez pueda tomarse como un retorno a los rasgos de su estilo de comienzos de la década de 1830. Piezas como las tres Apparitions, o la primera versión de Harmonies poétiques et religieuses, acusan un lenguaje armónico declaradamente distinto del de obras posteriores, pero comparten la misma intimidad romántica y un carácter evanescente casi deliberado.
 
La música de la década de 1850, extrovertida, desenvuelta y de una abundancia inaudita, parece provenir de otro compositor. En esta música se puede percibir más a fondo la influencia de Beethoven, no sólo en momentos específicos (compárese el inicio de obras de Liszt como la Missa solemnis en re menor o Ce qu'on entend sur la montagne con el comienzo de la Novena sinfonía de Beethoven), sino también en términos estructurales (es obvio que Liszt basó la forma sonata de Les Préludes en el primer movimiento de la Sonata "Waldstein" de Beethoven). De hecho, la importancia de la forma sonata en la obra de Liszt es mucho mayor de lo que suele reconocerse. La primera versión del Vallée d'Obermann imita la forma sonata del primer movimiento de la Sonata para piano en mi menor de Weber; varios poemas sinfónicos (Les Préludes, Orpheus, Festkliinge, Tasso), así como el primer movimiento de la Sinfonía Fausto, siguen también el diseño de forma sonata.
 
La estructura de la Sonata para piano en si menor, en que el movimiento lento y el scherzo se integran en un solo movimiento continuo, es más innovadora, como lo es también el primer movimiento de la Sinfonía "Dante", en la que el contraste normal de tonalidad arquetípica de la forma sonata es reemplazado por un contraste modal (un re menor rico en cromatismos contra un re mayor) y la sección de desarrollo es reemplazada por un episodio programático independiente (representación del amor de Francesca da Rimini y Paolo). En general, los últimos poemas sinfónicos están más alejados del modelo de forma sonata, aun cuando Ce qu'on entend juega con una larga exposición en tres tonalidades que recuerda los procedimientos tonales tanto de Beethoven como de Schubert.

Liszt alcanzó el dominio de la orquestación relativamente tarde en su vida; los esbozos y las partituras orquestales de las décadas de 1820 a 1840 son aceptables, pero solamente eso. Al principio de su estancia en Weimar, recurrió a compositores menores como August Conradi (1821-1873) y Raff como amanuenses y asistentes de orquestación, pero más adelante adquirió la suficiente experiencia para prescindir de sus servicios. Las versiones finales de toda su música orquestal fueron orquestadas en su totalidad por el propio Liszt; el estilo de orquestación que desarrolló es claro y práctico, aunque carece de la opulencia de Wagner o la innovación de Berlioz. En sus momentos más lúcidos, la orquestación de Liszt despliega una refinada imaginación colorística (la "Marcha de los tres reyes" de Christus constituye un ejemplo impresionante), y en ocasiones es inevitable reconocer en ellas al pianista virtuoso (como en los frecuentes pasajes de bajos en octavas impactantes).
 
En lo que respecta a la música para piano, la completa asimilación de los recursos del instrumento y un agudo sentido del contraste permitieron a Liszt producir una paleta casi orquestal de colores tonales, imprimiendo brillante virtuosismo y variedad tanto a su música original como a sus transcripciones. El maestro absoluto de la técnica pianística de su tiempo (el propio Thalberg admitía la superioridad de Liszt en cuanto a capacidad técnica) logró efectos considerados imposibles hasta entonces, como en el momento climático de la Fantasía sobre "La sonnambula", donde, a la par de la combinación temática en la textura central, las manos tocan simultáneamente armonías graves y un trino sostenido en la región aguda.
 
Su dominio del teclado contribuyó de manera significativa al carisma de su música descriptiva, como se aprecia en Les Jeux d'eau á la villa d'Este o en Orage ("las tormentas", Liszt le comentó a Amy Fay: "son mi especialidad"), cuyo impacto es generado en gran medida por el diestro manejo de la sonoridad pianística.
 
El estilo armónico de Liszt oscila entre un verdadero diatonismo (el preludio de Christus) y un cromatismo intenso (la agonía en la escena del jardín de la obra citada). Su estilo melódico se distingue por un eclecticismo que combina la cantilena italiana con el canto llano eclesiástico, junto con melodías evocadoras de la gran ópera francesa, tratadas bajo el desarrollo motívico de la música sinfónica alemana.
 
Liszt era poseedor de un fértil talento lírico, como lo demuestra su tercer más que célebre Liebestraum, y aun cuando su técnica de metamorfosis temática no fue original en sí (en comparación con la Fantasía "Wanderer" de Schubert), la extensión del desarrollo bajo este procedimiento sí lo fue (el tercer movimiento de la Sinfonía Fausto es una completa recomposición y metamorfosis del primero).
 
Liszt solía utilizar esta técnica como recurso dramático o programático (Mefistófeles, como "espíritu de la negación", retuerce y distorsiona los temas de Fausto), logrando esa intensidad dramática que en gran medida constituye el rasgo más impactante de la música de Liszt y la fuerza que fusiona todos los elementos dispares en una acertada individualidad.
 
Pocos compositores han abarcado un rango estilístico tan amplio como el de Liszt y en ocasiones resulta difícil creer que el Grand galop chromatique y el Via crucis fueran del mismo compositor; pero es igualmente difícil aceptar que lo carnal y lo místico puedan ocupar el mismo nivel de importancia en un solo ser humano.
 
Los rasgos de carácter y la música asociada con ellos, que fueron comunes en tiempos de Liszt, resultan de alguna manera obsoletos en la actualidad, pero en el caso de Liszt y otros compositores como Berlioz y Schumann, la vida y la música están íntimamente ligadas. Es la personalidad del individuo lo que parece explicar y además unificar la obra; a este respecto, Liszt es un verdadero icono romántico.
 
 
 

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