LA GUITARRA

 
Es la guitarra, el instrumento español más difundido fuera de su geografía, y constituye un ejemplar característico del instrumento europeo, pues no en vano su formato responde a la fusión de lo oriental con lo occidental.
 
Protagonista de una desigual trayectoria, con momentos de apogeo y otros de abandono, la guitarra goza hoy de una raigambre incuestionable en la música culta de todo el mundo, y además, su uso popular la vincula a la mayoría de movimientos musicales que la moda proporciona.

Podemos definir la guitarra como un instrumento de cuerdas punteadas, de la familia del laúd, aunque se diferencia de éste por la posesión de arcos laterales y por su espalda o fondo plano.
 
Dos son los puntos que tratan de explicar su procedencia: el primero señala que su embrión reside en un instrumento originario de Asia Menor, especie de laúd, que entre los griegos fue llamado pandouros, y que, evolucionado, recibió en la Europa medieval el nombre de mandora; el segundo sitúa la entrada de la guitarra en Europa a través de la Península Ibérica, merced a la penetración de un instrumento procedente de la cultura caldeo-asiria, llamado barbat por los sasánidas, y que, con caracteres propios y evolucionados, recibió en España el nombre de guitarra morisca. La cuestión de tan intrincado entramado consiste en certificar con propiedad si la guitarra entró en Europa por vía latina o por camino árabe; pero lo cierto es que los sarracenos, al introducir un ejemplar con espalda abombada, contorno oval y clavijas laterales o frontales (guitarra morisca), hallaron en los territorios ibéricos un instrumento en cierto modo análogo, aunque de fondo plano, perfil estrangulado y con clavijas en la parte posterior (guitarra latina).
 
De la existencia de ambos ejemplares dan cuenta numerosos documentos. A título de ejemplo, citemos un pasaje del Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita:

"Con muchos instrumentos salen los atambores,
allí sale gritando la guitarra morisca
de las voces aguda e de los puntos arisca,
el corpudo laúd que tiene el punto a la trisca,
la guitarra latina con ésos se aprisca."

En todas las cortes europeas del siglo XV (período en el que se abandonó el uso del plectro en la mayoría de los instrumentos de cuerda), y en especial en las hispánicas, el número de juglares de guitarra fue notable, por lo que durante el Renacimiento este instrumento comenzó a consolidarse, tanto por la definición de su forma (similar a la guitarra que hoy conocemos) como por su repertorio.
 
Desaparecida la guitarra morisca, eclipsada por el laúd, la latina recibió la influencia definitiva, en su exterior, de la familia de la vihuela.
 
El primer libro impreso para guitarra fue el de Alonso de Mudarra titulado Tres libros de música en cifra (1546). En Francia, aparecieron (tras la edición de Mudarra) dos importantes colecciones: la de Le Roy-Ballard (1551-55) y la de Gorlier-Morlaye (1551-53).
 
Poco después, en 1586, vio la luz el primer método para el instrumento, Guitarra española y vandola en dos maneras de guitarra, castellana y catalana, donde su autor, Joan Caries Amat, trató de la afinación y de su utilización como instrumento acompañante, señalando acordes y rasgueos no muy distintos a los empleados hoy en la música popular.

Tal fue el aprecio por la guitarra, que en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) Sebastián de Covarrubias indicó que la vihuela:
 
 «ha sido hasta nuestros tiempos muy estimada... pero después que se inventaron las guitarras, son muy pocos los que se dan al estudio de la vigüela».
 
Mas, de modo paulatino, la música culta guitarrística fue dejando de interesar a los compositores barrocos, quienes se dedicaron al cultivo del arco y de la tecla, prioritariamente, por lo que nuestro instrumento pasó durante un tiempo a ser un elemento de recreo en manos del pueblo, si bien una minoría de gusto selecto continuó la tradición, y así lo atestigua el Poema harmónico (1694), de Francisco Guerau, o las obras que Gaspar Sanz había editado en 1674 (Instrucción de música sobre la guitarra española).
 
De todos modos, en España la música verdaderamente para guitarra refinada no llegaría hasta la aparición de Passacalles y obras por todos los tonos naturales y accidentales (1734), de Santiago de Murzia, heredero de Corbetta, De Visée y Campion.
 
Tampoco hay que olvidar que, durante su estancia en Madrid, Boccherini (1743-1805) usó de la guitarra para su música camerística, lo cual respondía no sólo a su afán de incorporar a su obra un elemento tan popular, sino también a la revitalización de la guitarra durante la segunda mitad del siglo XVIII, que con Mauro Giuliani (1781-1829), guitarrista y compositor italiano que compuso un gran número de conciertos, sonatas y estudios para su instrumento, y Fernando Sors (1778-1839), excelente intérprete y autor, llegó a un auge que, de hecho, no ha decrecido en intensidad. De ello tuvieron cuidado músicos como Francisco Tárrega (1852-1909), maestro del insigne Miguel Llobet (1878-1938), quien a su vez lo fuera de Graciano Tarragó (1892-1973) y de Mª Luisa Anido (n. 1907).
 
Dos músicos excepcionales pertencientes a una misma generación han sido Regino Sáinz de la Maza (1897- 1981) y, sobre todo, Andrés Segovia (n. 1893), cuyas aportaciones técnicas han supuesto una punta de lanza para los más destacados guitarristas contemporáneos, como Julian Bream (n. 1933) y John Williams (n. 1942).
 
No cabe olvidar tampoco el magisterio de Emili Pujol (1886-1980) y de José Tomás (n. 1934), ni la labor de Narciso Yepes (n. 1927). Todos estos nombres, fundamentales en la historia del arte interpretativo, hallan su mejor complemento con la música escrita por compositores de este siglo, desde Falla, Ponce, Villa-Lobos, Castelnuovo-Tedesco, Rodrigo, Britten, Ginastera, Arnold, Dogson, Bennet y Brouer.

Naturaleza del instrumento
 
La guitarra, que tanto gustó a creadores como Schubert, Berlioz y Paganini, ha variado con la lógica evolución del tiempo; la más difundida, y que nosotros conocemos como guitarra clásica o española, está encordada con seis cuerdas (aunque existe otro modelo de diez cuerdas popularizado por Yepes).

El formato de la guitarra está integrado por una caja acústica, más voluminosa que la de las guitarras decimonónicas, con una boca u oído central y un fileteado lateral. Su mástil, esbelto y rematado por un clavijero, está dividido por trastes metálicos, que acortan la cuerda por semitonos al apoyar el dedo contra el diapasón (pieza de ébano, palohierro u otra madera dura, que se coloca en la parte frontal del mencionado mástil).
 
Un puente plano, situado sobre la tapa armónica, sujeta las cuerdas, que se tensan desde el clavijero. Las maderas más apreciadas para su fabricación son: para la tapa, el pinabeto y el abeto; el arce, el palo santo y el nogal para los aros y los fondos, y para el mástil la madera de cedro y la de arce.
 
Dada su excepcional versatilidad, hoy la guitarra se emplea, además de en la música clásica, en música de estéticas tan divergentes como el jazz, el flamenco o la música pop, en la que la guitarra eléctrica (similar a la de jazz, aunque sin caja resonadora) es un elemento indispensable..

 

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