LA MÚSICA HINDÚ


 
Desde sus orígenes, en los albores de la civilización, la música hindú se ha considerado como parte indisociable de la filosofía y la religión, por constituir una de las manifestaciones sagradas de lo eterno, acaso la más cercana a la divinidad superior. Debido a su extensa superficie, la India posee multitud de contrastes y está formada por distintos pueblos, los cuales se ven reflejados en sus variadas músicas.

Como ya hemos señalado, el bagaje cultural hindú, y en concreto el musical, es de tal magnitud, que resulta imposible resumir la totalidad de sus puntos principales en un artículo de estas características; no obstante, daremos una breve reseña de los períodos principales en que se puede dividir la evolución histórica musical hindú: el período veda, la época clásica, la medieval y la moderna.

El primero de ellos, el denominado período veda, se halla comprendido entre el año 4000 y el siglo II a.J.C. Los vedas, uno de los pueblos originarios de la civilización hindú, aportaron un tesoro de conocimientos en muchas ramas del saber que todavía perduran en la actualidad, incluyendo desde la religión y la medicina hasta la música. Tal amplitud se ve reflejada muy especialmente en sus himnos y cantos sagrados, reunidos en el Rig Veda o el Sena Veda, dos de los múltiples compendios religiosos existentes.

Estos cantos se interpretaban, y se interpretan, con una técnica tonal propia repleta de ornamentaciones, como sílabas alargadas y otros embellecimientos similares.

Tras este largo período, entramos en la época clásica, en la que se escribieron los primeros tratados de teoría musical, concretamente el Bharatanát-yasástra, escrito 200 años a.J.C., gracias al cual quedaron establecidos los siete grados de la escala. Los espacios comprendidos entre los grados de esta escala no se corresponden con nuestros intervalos de semitono o de tono, sino que contienen distancias microtonales, es decir, fracciones de un tono; tales intervalos son medidos mediante grutis.

Estos siete grados de la escala, Sádja, Rsabha, Gándhára, Madhyama, Pañcama, Dhaivata y Nisáda, configuran los diferentes tipos de escala o «tonalidades», siendo las principales la Madhyama-grama y la Sádja-grama.

A diferencia de la música occidental, la música hindú no se nutre de la armonía o de la polifonía, puesto que estos dos conceptos son intrínsecos a dos nociones fundamentales de esta música: el Rága, que expresa la melodía, y el Tála, que indica el ritmo. El término Rága apareció por vez primera en un texto del filósofo Matanga, llamado Brhaddesi (siglo V).

La Edad Media de la música hindú comenzó con una mescolanza de tradiciones musicales debida a la invasión islámica, con la consecuente aportación de nuevos instrumentos, modos distintos de interpretación y composición, etc., contribuyendo de esta manera a que quedaran divididos los estilos, de acuerdo con la distribución geográfica, en dos grandes bloques: por un lado, la música procedente del Norte y, por el otro, la perteneciente al Sur de la península.

Así, mientras en el Sur se expandía la música denominada Kamática, al Norte florecieron los teóricos e intérpretes, como Locanákavi en el siglo XII, o Sárñgadera, autor del célebre tratado Sangita-Ratnákara del siglo XIII, en el cual se establecieron los principales vínculos entre los Rágas y las estaciones del año, las divinidades, etc. Otro autor de gran importancia, aunque más tardío (siglo XVII), fue Pundarika Vitthala.

Un pasado siempre presente

Para un hindú, hablar de un pasado de 2.000 años (y más en cuanto a música se refiere) no significa remontarse a un lejano período ya olvidado, sino a una tradición milenaria pero presente, con lo que produce a un occidental una sensación de que el tiempo se halla estancado, permitiendo que sea el movimiento de la música el que propicie tal inmutabilidad. Por ello, entre otras razones, hablar de la música de la India en la actualidad no comporta (salvo aspectos técnicos) grandes diferencias con los fundamentos establecidos años atrás. Contentémonos, pues, con hacer un intento por esclarecer el concepto de Rága y Tala, principios básicos de la música actual hindú. Según Laurent Aubert «un Raga es una "coloración del alma" impresa por cierta combinación de notas a partir de una tónica (o fundamental) fija».

Los Rágas, cuyo número es indefinido, cumplen una función de modelo o plataforma mediante la cual el músico puede realizar libremente sus improvisaciones. El Tâla es «la ordenación del tiempo en forma de ciclos rítmicos». Este parámetro está determinado por un número fijo de unidades de tiempo y por su propio tempo, mientras que el inicio y el fin de cada ciclo es establecido por un punto denominado sam, completándose de este modo el ciclo rítmico repetitivo tan característico de la música hindú. Así, es común que un músico, e incluso un oyente, comparen estos dos parámetros básicos, simbolizando cada uno de ellos la proyección microcósmica y macrocósmica del hombre.

Existe, además, otro elemento que se considera representativo de la música hindú: el bordón o nota continuamente suspendida. Cualquier occidental, al oír por vez primera una muestra de música hindú, se verá sorprendido por este rasgo tan inconfundible como básico. Y es que, para el intérprete que ejecuta mediante el tâmpura, el sûr-shahnai o el sûr-petî (instrumentos el primero de ellos de cuerda, el segundo de viento y el tercero una especie de armonio), este sonido constante durante toda la pieza, el bordón, simboliza «la presencia de lo inmutable en el mundo cambiante de las apariencias... el origen supremo de todos los sonidos».

La profundidad y sabiduría de la música hindú es, pues, una constante invitación a la meditación.



 

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