ROBERT SCHUMANN


El compositor alemán Robert Schumann nació en Zwickau, Sajonia, el 8 de junio de 1810 y murió en Endenich, cerca de Bonn, el 29 de julio de 1856.

Primeros años y matrimonio
 
Una de las principales figuras del periodo romántico temprano, Schumann nació en una ciudad de provincia en el seno de una familia culta de clase media; su padre fue vendedor de libros y editor. En este entorno Schumann pudo desarrollar sólidos intereses literarios y adquirir firmes conocimientos de la cultura literaria alemana y extranjera.
 
A lo largo de su infancia y juventud, la música y las letras se conjugaron en la inspiración de obras poéticas y dramáticas producidas ininterrumpidamente bajo formas compositivas menores, principalmente piezas para piano y canciones. Su talento como intérprete fue igualmente evidente.
 
Comenzó a estudiar el piano a los siete años con el organista de la iglesia local y pronto se interesó por la improvisación. En 1820 Schumann ingresó al Gymnasium de la ciudad donde continuó su educación dentro de la línea tradicional de la época, misma que complementó de manera individual a través de la lectura ferviente.
 
Uno de sus entusiasmos tempranos fue Schiller seguido por las novelas protorrománticas de Jean Paul, seudónimo del escritor Johann Paul Friedrich Richter, quien siguió siendo su escritor predilecto durante su vida adulta, ejerciendo con su creatividad literaria una profunda influencia en su sensibilidad artística inclinada hacia los temas fantásticos. Schumann se familiarizó con las obras de Haydn, Mozart, Beethoven y Weber.
 
Poco antes de la muerte de Weber en 1826 el padre de Schumann había entablado pláticas con el compositor para que fuera maestro de su hijo. En 1819 Schumann asistió a un concierto del prominente pianista y compositor Ignaz Moscheles en Karlsbad, experiencia formativa que lo motivó a considerar la carrera de pianista profesional. A la muerte del padre en 1826 su madre tomó las riendas de su educación y, a pesar del inequívoco impulso creador de su hijo, lo convenció de emprender la carrera de leyes como una alternativa más práctica para su futuro. Así, en 1828 Schumann ingresó a la Universidad de Leipzig aunque sin entusiasmo ni compromiso alguno. Se dice que no asistió a una sola clase y, a través de su propio diario, se sabe que la lectura y el piano ocuparon la mayor parte de su tiempo.
 
Otras de sus aficiones fueron el champán y los puros; años más tarde, el alcohol le acarrearía problemas ocasionales. Su nuevo interés artístico del momento era la música de Schubert, cuya muerte en noviembre de ese año lo sumió en un llanto incontenible toda una noche.
 
Más significativo todavía fue el inicio de sus estudios pianísticos serios en agosto de 1828 con el principal pedagogo de la ciudad, Friedrich Wieck, quien supo percibir el sobresaliente talento y debió lidiar con la inconsistente disciplina del joven Schumann, aspecto en el que contrastaba notablemente con la hija de Wieck, Clara, quien a los nueve años demostraba talento de niña prodigio.
 
Al cabo de un año en Leipzig, Schumann logró persuadir a su madre para cambiarse a la Universidad de Heidelberg, institución más afín a su persona, aunque su rendimiento académico no mejoró sustancialmente.
 
En sus vacaciones del verano de 1829 viajó a Suiza e Italia donde sucumbió brevemente bajo el embrujo de la ópera italiana; sin embargo, de mayor influencia fue la experiencia de oír al gran violinista virtuoso Nicoló Paganini en Frankfurt en abril de 1830. Ese año Schumann finalmente optó por dedicarse a la música. De regreso en Leipzig, le suplicó a su madre que hablara con Wieck para que hiciera una evaluación objetiva de su potencial en la música. Wieck expresó sus dudas en cuanto a la dedicación de su alumno pero aseguró que, con el esfuerzo necesario, Schumann podría llegar a ser un destacado pianista en sólo tres años. Acordaron juntos un periodo de prueba de seis meses. Poco después Schumann escribió su primera composición publicada, una serie de variaciones sobre un tema derivado del nombre "Abegg", aparentemente el primer indicio de su inclinación por introducir claves ocultas en su música, aspecto recurrente en muchas de sus piezas posteriores. En 1831 comenzó sus lecciones formales de armonía y contrapunto con un director de la ciudad, Heinrich Dorn, y en 1832 publicó su op. 2, Papillons para piano.
 
Sin embargo, las ambiciones pianísticas de Schumann se toparon con un impedimento permanente cuando comenzó a sentir dolencia en los dedos índice y medio de la mano derecha, debido quizá al uso de un invento mecánico para fortalecer sus manos; la dolencia siguió su curso posiblemente a causa de envenenamiento de la sangre con mercurio, efecto colateral del tratamiento contra la sífilis. Mientras tanto, la composición avanzaba rápidamente con otras series de piezas breves para piano y el primer movimiento de una sinfonía.
 
Una actividad paralela fue el periodismo. En abril de 1834 se publicó el primer número de Neue Zeitschrift für Musik bajo la dirección editorial de Schumann cuyos artículos aparecieron con seudónimos que, en conjunto, formaron la "Davidsbündler", una alianza imaginaria de luchadores a favor de la verdad musical que emprendían una guerra abierta en contra de los filisteos.
 
En 1834 Schumann se enamoró de Ernestine von Fricken, discípula de Wieck cuyo padre le proporcionara el tema para sus Études symphoniques. Ella era originaria de la ciudad de Asch, nombre que Schumann codificó en su suite para piano Carnaval que rinde tributo, entre otras figuras musicales, a Paganini y Chopin como también a Clara Wieck y al propio Schumann en dos personajes contrastantes, Florestan y Eusebius, representando sus respectivos temperamentos dinámico y reflexivo. Referencias personales como éstas condimentaron las partituras de este periodo temprano de Schumann.
 
Para agosto de 1835 el interés de Schumann por Ernestine declinó y comenzó a sentirse atraído por Clara quien contaba entonces con 16 años y era nueve años menor que él. Aunque sus composiciones crecieron en número y calidad, Schumann seguía siendo desconocido fuera del círculo en que se desenvolvía y Wieck lo consideraba un pobre prospecto para yerno. Se opuso enérgicamente a la relación y, ante la firme negativa de los jóvenes a terminar la relación, Wieck rompió relaciones con su discípulo.
 
Respecto a su vida profesional los años siguientes se caracterizaron por una creciente producción de imaginativas obras para piano como Kreisleriana, la Fantasía op. 17 (ambas de 1837) y Faschingsschwank aus Wien (Broma de carnaval en Viena, 1838), por su intento frustrado de establecerse en la capital austriaca y por el inicio de una importante amistad con Mendelssohn quien llegara a Leipzig para tomar en sus manos la vida musical de la ciudad.
 
En el aspecto personal fueron años llenos de amargura, con citatorios ocasionales en la corte que Wieck no supo manejar y perdió. Finalmente Schumann y Clara Wieck contrajeron matrimonio el 12 de septiembre de 1840.

Años de madurez
 
El matrimonio significó para Schumann una estabilidad emocional y doméstica en la que cimentó sus logros siguientes. La relación no dejó de tener tensiones pues, como pianista de talla internacional, Clara seguía siendo una figura más conocida aunque en ocasiones sacrificara sus intereses profesionales para atender sus obligaciones como madre y las composiciones de su esposo; pero, en esencia, fue un matrimonio feliz y el estímulo de Clara le permitió crecer como compositor.
 
Durante 1840, el año de su matrimonio, Schumann volcó decididamente su energía creadora en la canción, componiendo más de la mitad de su producción en el género, incluyendo una serie de ciclos notables como Myrthen (Mirtos), Frauenliebe undleben (Vida y amor de mujer), Dichterliebe (El amor del poeta) y otros con poemas de Eichendroff y Heine. En 1841 dio un giro hacia la música orquestal. El movimiento de su Sinfonía nº. 1 en si bemol "Primavera", compuesto años atrás, fue dirigido por Mendelssohn en un concierto ofrecido por Clara en marzo; en mayo siguieron los otros tres movimientos, la Obertura, el Scherzo y el Finale. Compuso la Phantasie para piano y orquesta (que más adelante se convertiría en el primer movimiento del Concierto para piano) y comenzó una nueva sinfonía (años después publicada como Sinfonía nº. 4 en re menor).
 
La vida familiar de la pareja se enriqueció con el nacimiento de una hija en septiembre, la primera de siete hijos que sobrevivieron.
 
La siguiente área que abordó fue la música de cámara en 1842. Después del estudio minucioso de obras de Haydn y Mozart, Schumann compuso tres Cuartetos de cuerdas a los que siguieron poco después un Quinteto para piano, un Cuarteto para piano y una serie de Phantasiestücke para trío con piano. El año siguiente comenzó con un revés, una crisis emocional severa y debilitante cuyos efectos se prolongaron durante varios meses. Schumann había sufrido crisis similares periódicamente desde años atrás debidas quizá a un mal congénito, pues su padre había padecido también "trastornos nerviosos" y su hermana menor, Emilie, se había suicidado en 1826. Durante sus crisis, el propio Schumann temía llegar también al suicidio o sufrir un colapso mental irreversible. Se ha especulado mucho sobre el origen de estos ataques y su posible relación con la enfermedad que finalmente lo arrastró a la muerte. Años después, internado en un manicomio, confesó a sus médicos que en 1831 había contraído la sífilis.

Afortunadamente en 1843 Schumann logró trascender con un nuevo género, el oratorio. Das Pa radies und die Peri, basado en un poema oriental de Thomas Moore, se estrenó en diciembre en Leipzig con éxito inmediato. Pronto interpretado en todas partes, esta pieza poco conocida en la actualidad llevó el nombre de Schumann al reconocimiento internacional y perduró en el gusto general durante toda su vida.
 
En 1844, Clara decidió solucionar las finanzas familiares con una gira de conciertos por Rusia. Aunque poco convencido e intranquilo Schumann la acompañó y, como consecuencia, sufrió un nuevo ataque que lo obligó a retirarse por completo del periodismo. Su principal logro compositivo de ese año fue el inicio de una obra coral y orquestal basada en el Fausto de Goethe, en la que trabajaría durante toda una década antes de alcanzar la forma de Escenas del "Fausto" de Goethe en 1853. Ese año la familia Schumann se trasladó de Leipzig a Dresde pues, después de que Mendelssohn dejara la ciudad, su puesto como director del conservatorio no le fue otorgado a Schumann sino al compositor danés Niels Gade.
 
La próspera casa de ópera de Dresde ofrecía posibilidades promisorias en un género en el que Schumann tenía puesta la mira desde tiempo atrás. Las principales composiciones de los dos años siguientes fueron orquestales: amplió la Phantasie en un movimiento para piano y orquesta de 1841 con un intermezzo y un movimiento final para conformar un concierto de piano completo, estrenado inevitablemente por Clara en diciembre de 1845 y completó la Segunda sinfonía.
 
A pesar de su estado mental irregular, durante 1847 Schumann emprendió la composición de una ópera sobre el tema de Genoveva basado en los dramas tempranos de Ludwig Tieck y Friedrich Hebbel, y compuso dos Tríos para piano. Después de completar Genoveva en 1848, que no se estrenó sino hasta 1850 en Leipzig con una acogida indiferente, Schumann concentró su atención en el drama de Byron Manfred, para el que compuso música incidental en su mayor parte a manera de melodrama.
 
Si bien 1849 estuvo marcado por periodos continuos de inestabilidad y depresión, Schumann incrementó considerablemente su productividad con la creación de más de veinte obras. No obstante, sus ingresos no eran lo suficientemente adecuados para una familia numerosa. Con el apoyo de Clara en abril de 1850 aceptó un puesto como director musical en Düsseldorf para el que, visto en retrospectiva, no era la persona más indicada. Su falta de tacto en las relaciones sociales y su inestabilidad mental propiciaron que la calidez inicial con los músicos locales se enfriara a tal punto que su despido en 1853 se volvió imperativo. Sin embargo, su capacidad compositiva no sufrió merma alguna; entre las obras más logradas del periodo destacan la Tercera sinfonía "Renana" y el Concierto para violonchelo (ambas de 1850), la versión final de la Cuarta sinfonía (1851) junto con varias oberturas y dos cantatas del mismo año, una Misa y un Réquiem (ambas de 1852).
 
La aparición en el umbral del hogar de los Schumann del joven de 20 años Johannes Brahms significó el último interludio de felicidad en la vida de Schumann. Alabó la genialidad del recién llegado en su contribución final al Neue Zeitschrift für Musik con un artículo titulado "Nuevos caminos". Brahms significaría un importante apoyo para Clara durante los difíciles años que se avecinaban.
 
A comienzos de 1854 la condición de Schumann empeoró alarmantemente; el 26 de febrero pidió ser internado en un manicomio y, al día siguiente, intentó suicidarse arrojándose al Rin. El 4 de marzo ingresó a un nosocomio en Endenich, cerca de Bonn, donde permaneció más de dos años. Afectado por el deterioro gradual de su condición, murió de neumonía a los 46 años de edad.

La música de Schumann
 
Los conocedores de la obra de Schumann coinciden en las cualidades sobresalientes de su música para piano y sus canciones. Hasta hace relativamente poco tiempo sus logros en otros géneros jamás recibieron el reconocimiento que realmente merecen. Se ha discutido también sobre la calidad de sus obras tardías, consideradas en general inferiores a su música anterior (digamos hasta mediados de la década de 1840); su enfermedad progresiva ha sido señalada como una de las causas de esta aparente declinación. No obstante, en años recientes estos puntos de vista se han suavizado considerablemente, en parte gracias a la frecuente interpretación y grabación de sus obras tardías y, en el caso de su obra orquestal, por el interés creciente en las prácticas interpretativas del pasado y, en concreto, de la música de mediados del siglo XIX.
 
La música para piano de Schumann se ha defendido por sí sola. Como pianista altamente preparado, supo captar el carácter y el potencial del instrumento tan bien como cualquier otro de los grandes de su generación; su entusiasmo de juventud por el instrumento se tradujo en el medio expresivo natural del compositor maduro. Esto explica en parte la alta calidad de su escritura pianística, hábilmente trabajada dentro de su idiosincrasia personal. Aunque sus contemporáneos la consideraron una música recargada, reconocieron su fuerza expresiva y dieron el valor merecido a sus melodías líricas y exquisitas texturas variadas. Incluso los elementos más simples, como las abundantes referencias a figuras reales o imaginarias de la mitología personal del compositor, provocaron admiración y confusión.
 
Las piezas de carácter con nombres extravagantes forman una parte importante de las obras publicadas de Schumann, mientras que las obras más sustanciales en géneros absolutos como la sonata, son escasas. Incluso en obras que no tuvieron intenciones abiertamente programáticas los estudiosos han encontrado claves ocultas, citas y otros elementos discursivos extramusicales (como en la Fantasía op. 17); no obstante, la veracidad y el significado de dichas referencias sigue siendo un tema polémico.
 
Schumann hizo una contribución importante al repertorio pianístico para los jóvenes estudiantes con Album für die Jugend (Álbum de la juventud, 1848), Tres sonatas para los jóvenes (1853) y varios dúos. Kinderszenen (Escenas de la infancia, 1838), aunque trata sobre el tema de la infancia está claramente destinado para intérpretes y oyentes adultos. Las canciones de Schumann destacan principalmente por la calidad notable de los textos seleccionados; el gusto de juventud por la buena literatura continuó durante su vida adulta. La variedad es también enorme y mucho más amplia de lo que los 20 o 30 ejemplos más conocidos suelen sugerir; los Poemas de Mary Stuart (1852) o las piezas individuales de Spanisches Liederspiel para cuarteto vocal (1849) difieren por completo en atmósfera de sus canciones románticas anteriores.
 
Su percepción literaria se tradujo en un equilibrio perfecto entre las palabras y la música en la Lied alemana anterior a Hugo Wolf, y su identificación íntima con el piano condujo a la creación de acompañamientos de enorme originalidad y expresividad, particularmente en los preludios y posludios de sus canciones; los posludios suelen exponer una especie de síntesis de los sentimientos expresados en los versos.
 
Mucha de la producción de música de cámara de Schumann no ha recibido la atención que merece. Aparte de los conocidos Cuarteto y Quinteto para piano (ambos de 1842) se encuentran obras refinadas para cuarteto de cuerdas y trío de piano que, apenas en tiempos recientes, se han integrado al repertorio. Asimismo, en relación con el deseo de Schumann de elevar el nivel del repertorio de la música doméstica, existen piezas notables para clarinete, oboe, violonchelo (todas de 1850) y viola (1851), todas con acompañamiento de piano.
 
Las primeras obras orquestales de Schumann aparecieron después de sus sólidos logros en la música para piano y la canción. Él mismo confesó que la orquestación era un arte difícil de dominar; esta declaración, junto con su fracaso como director, ha nutrido la idea de que su obra orquestal está entre lo menos logrado de su producción. Durante décadas se consideró que su orquestación era defectuosa y que requería correcciones para su interpretación (Gustav Mahler editó versiones propias de las cuatro sinfonías de Schumann). El gusto excesivo por la duplicación de líneas instrumentales en efecto empaña la textura, pero estas críticas son sin duda excesivas. Sus sinfonías reflejan muy lejanamente la gran tradición beethoveniana de heroísmo y humanismo, no obstante constituyen logros sustanciales; las cuatro sinfonías junto con la obra orquestal Obertura, Scherzo y Finale (1841) revelan una inventiva musical de elevada hechura y consistencia.
 
La música coral de Schumann es menos conocida, aunque la creciente familiarización con obras como Escenas de "Fausto" de Goethe (una de las versiones musicales más ambiciosas y fieles al trasfondo emotivo del poema) y El paraíso y los Peri, colorido "oratorio para personas felices" (palabras de Schumann) han demostrado de manera convincente el valor de esta parte de su producción.
 
Otra obra muy poco apreciada es la única ópera de Schumann, Genoveva, que durante mucho tiempo se consideró modelo representativo de "ópera mala" de un gran compositor. Nuevamente, la aparición de grabaciones y montajes escénicos recientes ha demostrado la calidad de la obra y su concepción original del efecto dramático musical. La idea de que las obras tardías de Schumann fueron producto de una mente trastornada por la enfermedad se ha derrumbado, aunque es innegable que en ellas se perdió una parte de la transparencia espontánea de su obra de juventud. No obstante también reflejan logros importantes del compositor experimentado, como sus estudios sobre la música de Bach que le permitieron salvar el reto constante de superar sus logros de otros tiempos.


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