ALFREDO KRAUS


- Las Palmas de Gran Canaria, 24 de Noviembre de 1927
- Madrid, 10 de Septiembre de 1999.
 
Considerado como el mejor tenor lírico de su generación, Alfredo Kraus fue uno de los ejemplos más destacados de inteligencia y profesionalidad en el mundo de la ópera. Entre sus cualidades destacaron la gran perfección técnica, la pulcritud de la emisión en todos las registros, la claridad de acción y la asombrosa facilidad para el agudo; se ha alabado también con frecuencia su elegancia y refinamiento tanto en el canto como en el gesto.
 
Hijo de padre vienés, Alfredo Kraus empezó a sentir atracción por la música desde su infancia, cuando formaba parte del coro del colegio, aunque más tarde inició estudios de perito industrial, que nunca llegó a terminar.
 
Comenzó clases de canto en Barcelona con la profesora rusa Galli Markov y continuó éstas en Valencia con el maestro Andrés. Una vez cumplido el servicio militar viajó a Milán para perfeccionar su estilo con la soprano catalana ya retirada Mercé Llopart, a la que Kraus siguió vinculado durante años, siendo ya tenor consagrado.

El mismo año en que empezó sus estudios en Milán, en 1955, ganó un premio que le facilitó sus primeros contratos. Su debut operístico tuvo lugar en el Teatro Real de El Cairo, el 16 de enero de 1956, con la interpretación del comprometido papel del Duque de Mantua en Rigoletto, de Verdi.
 
A este primer triunfo siguieron muy pronto los éxitos en las ciudades de Turín, Palermo, Roma, Londres, Madrid (donde debutó en el Teatro de la Zarzuela con Doña Francisquita, la única zarzuela que ha interpretado en escena) y Barcelona.
 
Durante la temporada 1957-58 cantó en el Teatro San Carlo de Lisboa una memorable Traviata con Maria Callas, de la que se conserva el documento sonoro. Kraus ha sido el único cantante español que cantó con la Callas.
 
En 1959 debutó en el Covent Garden de Londres cantando el papel de Edgardo en una Lucia di Lammermoor protagonizada por Joan Sutherland, y un año más tarde se presentó por primera vez en La Scala de Milán con el papel de Elvino en La sonnambula, de Bellini.
 
En 1962 hizo su debut americano en la ciudad de Chicago, y cuatro años más tarde cantó Rigoletto en el prestigioso Metropolitán de Nueva York. A partir de ese momento se consagró como uno de los tenores más cotizados del mundo.
 
Kraus supo rechazar de forma inteligente todos aquellos papeles que pudieran perjudicar su voz, centrando su repertorio en la ópera italiana belcantista y en la francesa, que son las que mejor se adecuaban a sus características vocales. Esta acertada selección de papeles, unida a la sabia dosificación de su esfuerzo (sabido es que Kraus era muy estricto en lo que se refiere a los tiempos de descanso entre representación y representación) fueron las razones que explican que, después de más de treinta años de dedicación al canto, el gran tenor canario siguiera cosechando éxitos a una edad en la que la mayor parte de los cantantes ya se hubieran retirado.
 
Tenor cerebral, como a él mismo le gustaba autodefinirse, fue poco dado al efectismo gratuito, motivo por el cual algunas de sus interpretaciones han sido calificadas de perfectas, pero quizás algo frías.
 
Cosechó diversas distinciones españolas, italianas y portuguesas, y en 1984 fue nombrado Comendador de las Artes y las Letras en Francia.

En sus últimos años se dedicó a la docencia, junto con los maestros Suso Mariátegui y Edelmiro Arnaltes. Fue maestro de jóvenes intérpretes como el tenor venezolano Aquiles Machado, el tenor italiano Giuseppe Filianoti y el tenor griego Mario Frangoulis.

Finalmente y como honor inédito en la historia de un artista vivo, el auditorio de su ciudad natal se llamó Auditorio Alfredo Kraus de Gran Canaria.

Falleció de cáncer a los 71 años en 1999.



 

 
 

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