ANTONÍN DVOŘÁK


Nelahozeves, 8 de septiembre de 1841
Praga, 1 de mayo de 1904

Antonín Leopold Dvořák, fue un gran compositor checo que junto con Bedrich Smetana, ganó fama y reconocimiento como un campeón de la identidad nacional y la independencia cultural. Se convirtió en el favorito de la audiencia y artistas británicos. En 1883, el compositor recibió una invitación a Londres para dirigir un concierto compuesto por sus propias obras. En la década de 1880, Dvořák a menudo regresaba a Londres para encargarse de actuaciones de estreno de obras importantes.


Años tempranos y primero éxitos

Dvořák fue el hijo mayor de un posadero en Nelahozeves, pueblo que está a unos 15 km al norte de Praga. Empezó su educación musical en la escuela del pueblo en 1847 e hizo buenos progresos en el violín. Contrario a lo que se cuenta en muchas de sus biografías, sus padres no intentaron convertirlo en carnicero sino que hicieron todo lo que pudieron, a pesar de sus recursos extremadamente limitados, para estimular sus talentos musicales.
 
Estudió órgano tanto en Zlonice (1853-1856), donde también tomó clases de teoría y bajo cifrado, como en Česká Kamenice(1856-1857). En el otoño de 1857 ingresó en la Escuela de Órgano en Praga y se graduó como segundo lugar de su clase en 1859.
 
Después de haber sido violista de orquesta en Praga desde 1857, se unió a la orquesta de danza de Karel Komzák en 1859 y continuó trabajando con este grupo cuando vino a formar la base para la creación de la orquesta del Teatro Provisional de Praga con motivo de su inauguración en noviembre de 1862. Dvořák permaneció con la orquesta del teatro hasta el verano de 1871, donde adquirió un sólido conocimiento de la gran ópera francesa, la opereta, Verdi y Mozart.

Las primeras composiciones serias de Dvořák, entre las que hay música de cámara, un ciclo de canciones (Cypresses), un concierto para violonchelo y las primeras dos sinfonías, datan de la primera mitad de la década de 1860.

Con la experiencia directa del desarrollo del repertorio operístico checo, no es extraño que él también se interesara en la ópera y compusiera Alfred sobre un texto alemán (1870) y la comedia Král a uhlíř (El rey y el carbonero, 1871).

La última fue rechazada por la compañía del Teatro Provisional en 1873, por encontrarla demasiado difícil durante los ensayos; una versión mucho más simple de la partitura, reconstruida nota por nota, se presentó ahí con cierto éxito en 1874.
 
Una vez que abandonó el teatro, Dvořák se sostuvo dando clases. Durante los dos años siguientes, se dio a conocer en los salones musicales de Praga como compositor de música de cámara y de canciones, pero atrajo mucho más la atención del público con el éxito de su cantata patriótica Dědicové Bílé hory (Los herederos de la montaña blanca) en 1873. Ese mismo año se casó con su alumna de piano Anna Čermáková.
 
El año de 1874 representó para Dvořák una mayor independencia financiera, debido a su contratación como organista de S. Vojtěch (1874-1877).
 
En 1875 fue acreedor de un estipendio del Estado austriaco por 400 florines que recibiría durante los tres años siguientes, sobre la base de 15 composiciones, incluidas la tercera y cuarta sinfonías. Esta mayor seguridad pecuniaria desencadenó una abundancia de creatividad: solamente en 1875, escribió el Quinteto de cuerdas (Contrabajo) en sol mayor, el Trío con piano en si bemol, el Cuarteto con piano en re mayor, cuatro Dúos moravos, la Serenade para cuerdas en mi mayor, la Quinta sinfonía y la gran ópera en cinco actos, Vanda.

Fama internacional: los años americanos

Por recomendación de Brahms, quien formaba parte del comité de estipendios del estado desde 1875, el editor berlinés Simrock publicó una serie de Dúos moravos en 1879 y animó a Dvořák a componer la primera serie de Danzas eslavas. Éstas fueron publicadas en 1878 y le dieron un impulso espectacular a la fortuna del compositor, fructificando en comisiones y numerosas ejecuciones en el extranjero.
 
En casa, su gran ópera trágica Dimitrij fue todo un éxito en 1882.
 
En 1883 fue invitado por la Philharmonic Society de Londres para dirigir ejecuciones de sus obras en Inglaterra durante el año siguiente. El entusiasmo inglés por su música, provocado por presentaciones de su Stabat mater y la Sexta sinfonía, dio como resultado algunas comisiones para escribir una obra coral para el Birmingham Festival Svatební košile (“La esposa del espectro”) y una Sinfonía (la no. 7 en re menor) para la Philharmonic Society en 1885.
 
Les siguieron otras obras para Inglaterra, incluidas el oratorio St Ludmila (Leeds, 1886) y la Misa de réquiem (Birmingham, 1891). En 1887, Dvořák regresó a la ópera con Jakobín (El jacobino), aunque también continuó componiendo música instrumental y orquestal, especialmente el Quinteto con piano en la mayor (1887) y la Octava sinfonía (1889).

En la cúspide de su fama internacional en 1892, Dvořák aceptó una invitación para ser director del National Conservatory of Music in America (Nueva York) y profesor de composición con un salario de 15 000 dólares.
 
Además de sus obligaciones docentes y administrativas, ahí compuso su Novena sinfonía (Del nuevo mundo, 1893) y, durante unas vacaciones en la comunidad de habla checa de Spillville, Iowa, el Cuarteto de cuerdas en fa mayor (American, op. 96) y el Cuarteto de cuerdas op. 97 en mi bemol mayor.
 
Durante una visita de regreso en Nueva York en 1894-1895, compuso las Biblical Songs (op. 99), la Sonatina para violín en sol mayor (op. 100) y el Concierto para violonchelo en si menor. De regreso a Praga y después de completar otros dos cuartetos de cuerdas (opp. 105 y 106), se sumergió en el folclor bohemio y escribió cuatro poemas sinfónicos basados en cantos folclóricos del Kytice de Karel Erben en que usa los versos de la poesía como la base rítmica de la melodía.
 
Sus últimos años los dedicó a la ópera: revisó El jacobino (1897) y compuso dos obras basadas en la leyenda checa Čert a Káča (El Diablo y Catalina, 1899) y su obra maestra operística Rusalka (1900).

Ambas tuvieron gran éxito con las audiencias de Praga y aunque su última gran ópera, Armida en cuatro actos sobre un texto antiguo fue mucho menos popular, Dvořák estaba todavía considerando más textos al momento en que lo sorprendió la muerte a causa de un ataque cardiaco.
 
Estilo musical

Dvořák fue uno de los compositores más versátiles del siglo XIX al escribir exitosamente en un amplio rango de géneros. Después de la influencia de Mozart, Beethoven, Mendelsshon y Schumann en sus obras tempranas, entre 1869 y 1874 se sumergió en una exhaustiva fase experimental de composición, influenciado por Wagner y Liszt pero mostrando una extraordinaria y desafiante individualidad, notable en piezas como el Cuarteto de cuerdas en mi menor y la primera versión de El rey y el carbonero.
 
A partir de la época de la Quinta sinfonía (1875), este experimentalismo dio paso a una mayor atención de la forma clásica, más melodía simétrica y menos exploración armónica. La influencia de su educación musical también es patente: en esencia, ésta no difiere mucho de la que Dvořák recibió de sus antecesores del siglo XVIII, que se manifiesta en su interés en las sólidas líneas tipo bajo continuo y en las Figuren barrocas que encontramos de manera notable en su adaptación del Stabat mater (1877).
 
Mientras sus sinfonías Sexta y Séptima y su Trío con piano en fa menor (op. 65), todas de la primera mitad de la década de 1880, muestran elementos brahmsianos, Dvořák conserva un estilo de melodía y de desarrollo firmemente individual.

Finalmente, las maneras compositivas de Beethoven, Smetana y Wagner resultaron de mayor consistencia como recurso. Su respuesta a los estilos populares americanos durante su estancia en Nueva York lo llevó a intensificar ciertas características, especialmente el uso de escalas pentatónicas y ostinatos. Wagner retornó a modo de estímulo en sus últimas óperas, aunque su influencia difícilmente dañó el genio lírico de Dvořák, que estaba en su punto culminante en estas obras.

La percepción del elemento vernáculo en su música resulta de una manera que Dvořák heredó en gran medida de Smetana. Casi nunca citó una canción folclórica, aunque a menudo aludía a estilos populares. Sus métodos de composición, a menudo falseados por la aparente espontaneidad de su inspiración, podían ser meticulosos y muchas de sus composiciones fueron sujetas a revisión y a veces a una exhaustiva recomposición.
 
A pesar de ser conocido hoy en día sobre todo por su música orquestal y de cámara, enriqueció muchos otros géneros y hacia el final de su vida consideró la ópera la principal área de su quehacer musical. Dvořák cultivó la imagen popular de sí mismo de un simple “musikant” checo, pero ésta enmascara aspectos de una personalidad compleja a menudo víctima de la neurosis.
 
Devoto católico, siempre fue fiel a la Iglesia (aunque no a sus ornamentos) y a su país, y resistió más de un intento de persuasión para establecerse en Viena. Aunque extraordinariamente consistente, la obra de Dvořák se dirige a un amplio rango de público, característica que ha asegurado el perdurable éxito de muchas de sus obras.



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