EL LEITMOTIV O MOTIVO CONDUCTOR

 

El leitmotiv o motivo conductor es un recurso compositivo, basado en la utilización de un tema o motivo musical «característico», mediante el cual el compositor pretende identificar, durante el transcurso de un drama, a alguna persona, cosa o idea particular.

La asociación entre el leitmotiv y su objeto se consigue haciéndolo sonar antes o durante su primera aparición o mención.

Al igual que la mayoría de los recursos formales básicos de la composición (la repetición, la serie o escala, la cadencia o el tema), el motivo, como asociación de pequeños grupos de sonidos con un sentido previamente definido, no sólo lo encontramos en la música occidental sino también en la oriental, y su presencia puede rastrearse desde los albores de la música dramática.

 Aunque su utilización no adquiere la categoría de sistema hasta la obra de Wagner "El anillo del nibelungo", en los dramas de compositores como Monteverdi, Rameau, Bach, Weber o Berlioz podemos hallar un uso estructural del motivo como elemento estrechamente asociado al texto poético.

En la introducción comentada por Nikolaus Harnoncourt a la primera grabación íntegra de L'Orfeo de Monteverdi (1607), realizada en 1968 con la formación orquestal y los instrumentos originales, se dice:
 
«Fuera de algunos detalles onomatopéyicos hay, algunas veces, motivos repetidos que simbolizan determinadas situaciones o atmósferas.»
 
En la ópera del siglo XVIII, particularmente en Rameau, los motivos eran sometidos a desarrollos temáticos, a diferencia de los leitmotiven de los dramas del siglo XIX.
 
Un ejemplo clásico lo encontramos en el ballet Pygmalion, de Rameau, en el cual un intervalo de séptima descendente adquiere, durante el desarrollo de la obra, la expresión de la súplica y desesperación amorosa.
 
En Bach, especialmente en sus cantatas, el desarrollo motívico forma parte de su íntima estructura emocional e ideológica. Son bien conocidos algunos de sus motivos recurrentes, como las notas descendentes y los ritmos sincopados para simbolizar el hundimiento en los abismos del pecado o una escala ascendente con notas sostenidas para describir la entrada en el Reino de Dios.
 
En Berlioz hallamos la «idea fija», formada por una melodía o un grupo de intervalos, que actúa como motivo recurrente a lo largo de una pieza (Sinfonía fantástica, Lelio).
 
Un rasgo característico de la primitiva ópera romántica (Hoffmann, Spohr y Weber) fue la potenciación de la paleta orquestal mediante el empleo de leitmotiven. No obstante, hubo que esperar a Wagner para que el sistema se aplicara íntegramente como factor estilístico-constructivo dominante.
 
Especialmente en El anillo del nibelungo y en Tristán e Isolda, el leitmotiv constituye la esencia estructural que da continuidad a la acción. Los motivos wagnerianos acumulan significación a medida que reaparecen en nuevos contextos, siendo utilizados para recordar la idea del "sujeto" en momentos en que éste no está presente. La similitud de motivos puede sugerir conexiones, los motivos pueden combinarse contrapuntísticamente y pueden imbricarse formando nuevos motivos, logrando un tejido que tiene muchas similitudes con los procesos mentales del subconsciente y el sueño.
 
De ahí puede proceder el extraño poder de fascinación de su música.

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