MAESTROS CANTORES


Se conoce como «maestros cantores» (meistersinger en alemán) un movimiento musical aparecido en Alemania hacía el siglo XIV y que, tras un período de apogeo en los siglos XV y XVI, sobrevivió hasta el XIX, siglo en el que desapareció definitivamente. Popularizado sobre todo a través de la ópera de Richard Wagner Los maestros cantores de Nuremberg, dicho movimiento, de profunda raigambre en la sociedad alemana, sobrevivió a cambios, reformas y ataques, instituyéndose en una peculiar forma musical, totalmente genuina e irrepetible.

La particularidad del movimiento de los maestros cantores estriba en la naturaleza de sus compositores e intérpretes, todos ellos artesanos surgidos de las asociaciones gremiales de las ciudades alemanas, a los que con el tiempo se unieron otras categorías profesionales, tales como abogados, médicos, etc.
 
El origen de este movimiento, aun sin ser muy claro, presenta una hipótesis muy difundida, según la cual se trataría de una derivación burguesa del arte de los minnesinger, institución alemana que cultivaba una música de cariz aristocrático, muy parecida a la de los trovadores provenzales. Así, los primeros maestros cantores habrían surgido de las filas de los minnesinger, a principios del siglo XIV.
 
Varios datos confirman dicha teoría, como por ejemplo que Heinrich von Meisen, «Frauenlob», renombrado minnesinger, fundara la primera academia de canto alemana en Maguncia, en 1310, para que se aprendiera el arte de los meistersinger. La escuela de Maguncia fue la primera de otras muchas en consagrarse a la enseñanza del meistergesang (nombre con que se conoce el arte de los maestros cantores).
 
La siguieron las de Augsburgo, Nuremberg, Estrasburgo, Colmar y muchas otras, al parecer, una como mínimo en cada ciudad. La música practicada por los meistersinger se veía sujeta a unas reglas muy estrictas, las schulkünste, sin que el intérprete pudiera introducir modificaciones en ellas. Las schulordnungen eran las instituciones encargadas de vigilar la correcta observancia de las reglas de interpretación y composición, y también de organizar los encuentros de maestros cantores. Dichos encuentros no se producían jamás en la forma de concierto conocida en nuestros días, sino que se realizaban siempre a modo de competición o examen. La ejecución, celebrada en templos o albergues, era supervisada por tres o cuatro meistersinger de probada competencia, llamados merker, cada uno de los cuales se encargaba de juzgar un aspecto de la interpretación, es decir, la calidad poética, los ritmos, la métrica, la música, etc.
 
Dicha interpretación corría a cargo del propio autor y consistía en un lied sin acompañamiento, compuesto por él mismo en sus facetas musical y poética. Aunque idealizado por el espíritu romántico del artista dicho tipo de actos puede conocerse en cierto modo gracias a la ópera Los maestros cantores de Nuremberg, de Richard Wagner, en la que se relata en trama de comedia, el período (aprendizaje del personaje Walther von Stolzing y posteriormente el examen público característico de este movimiento musical.
 
En cuanto a los temas utilizados con preferencia destacan en una proporción muy grande los religiosos, sobre todo antes de la Reforma de Lutero; entre ellos, los dedicados a la Virgen María, la Trinidad, la Resurrección, la Creación o la Navidad tenían un papel preponderante.
 
Los temas políticos eran totalmente inexistentes en es período, hecho que se atribuye a la prohibición expresa que desde un principio fue dictada por la censura de cada municipio. Después de la Reforma, y gracias a los buenos oficios del que quizá sea el más destacado maestro cantor de la historia, Hans Sachs (1494-1576), no sólo se introdujeron temas no religiosos, tales como fábulas o leyendas medievales sobre el origen de los meistersinger, sino que incluso se cultivaron canciones con alguna temática social, hecho destacable si lo comparamos con la anterior situación.
 
Michel Beheim (1416-1474), el citado Hans Sachs y Ambrosius Metzger (1573-1632) fueron los más sobresalientes creadores del arte que nos ocupa, siendo además, cada uno en su período, pioneros de las escasas innovaciones que presentó un género tan reglamentado e inamovible como el meistergesang.
 
Llamábase ton (o weise) a la música característica de los maestros cantores, de rasgos modales aunque con tendencia a derivarse hacia los tonos mayor y menor, si bien, debido a su peculiar notación, no podemos, hoy por hoy, conocer los ritmos con los que el intérprete atacaba sus creaciones. Sabemos, eso sí, que la métrica no coincidía nunca con el acento verbal, y deducimos que el ritmo no debía tener tanta importancia como la que suponemos en cualquier otro género, pues cada una de las veinte líneas, como máximo, que contenía habitualmente un lied (posteriormente, hacia el siglo XVII, este número se amplió hasta 100), se cantaba de forma seguida, sin respirar hasta que el verso concluía.
 
Este movimiento fue muy atacado en sus últimos tiempos, por lo poco que había evolucionado y por la escasa ambición de su estructura. Sin embargo, tuvo una larga vida, desapareciendo por completo en 1839, cuando el último gremio de maestros cantores se disolvió en la ciudad alemana de Ulm.
 
 

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