INTERLUDIO EN LA ÓPERA (1791)


El año 1791, año de la muerte de Mozart y del verdadero nacimiento de las instituciones revolucionarias francesas, ofrece una conveniente línea divisoria para la historia de la ópera.
 
Para esta época el género se había consolidado en toda Europa, desde Rusia hasta Portugal, y había arraigado con firmeza en el continente americano. Aunque la Revolución francesa aceleró la desaparición del patronazgo real y aristocrático, la ópera no corría riesgo alguno de desaparecer y, de muchas maneras diferentes, los estados asumieron el papel del subsidio aristocrático.
 
La diseminación del género fue tan amplia y su historia tan fragmentada que resulta imposible seguir un hilo narrativo central. Tampoco es posible establecer una verdadera clasificación de "ópera seria" y "ópera cómica", pues la línea divisoria entre los dos géneros suele ser difusa y hay una interacción constante entre ambos, de la misma manera que ocurre en la producción de Mozart.
 
La clasificación más conveniente es por países, aunque en este caso también hay interacciones constantes. El orden más funcional es:
 
I - Francia, cuya capital se convirtió en la meca de los compositores de ópera.
 
II - Italia, cuya influencia se propagó a prácticamente todos los países tanto a través de sus compositores como de sus intérpretes.
 
III - Alemania, que ejerció la influencia más profunda a través de las obras de Wagner.
 
IV - Otros países de Europa Occidental.
 
V - Los países eslavos.
 
VI - Los países fuera de Europa.


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