JULES MASSENET


- Montaud, 12 de mayo de 1842.

- París, 13 de agosto de 1912.

Fecundo operista, con Jules Massenet se cierra un capítulo de la ópera francesa que hasta muy avanzado el siglo XIX logró hacer oír su voz entre las corrientes del bel canto tradicional y las innovaciones de Wagner y Verdi.
 
Gracias a su innato sentido del teatro y a su profundo conocimiento de las posibilidades de la voz humana y de la instrumentación, títulos como Manon, Werther y Thais gozan todavía del favor del público.

Hijo de una familia numerosa, Massenet empezó a estudiar piano con su madre. Desde temprana edad mostró el talento musical que más tarde le convertiría en uno de los compositores más importantes de su generación en Francia. A los once años ingresó en el Conservatorio de París, donde estudió piano con Adolphe Laurent, armonía con Henri Reber y composición con Ambroise Thomas.

En 1859 obtuvo el primer premio de interpretación de piano y cuatro años más tarde ganó el Premio de Roma con su cantata David Rizzio.
 
Durante los tres años que vivió becado en la Ciudad Eterna conoció, entre otros influyentes personajes, a Franz Liszt, el cual le recomendó como alumna de piano a Constance Sainte Marie, con la que contrajo matrimonio a su regreso a París, en 1866. Para ganarse la vida, en esa época Massenet dio clases particulares, tocó en cafés y aceptó la plaza de percusionista de la Ópera de París, en cuyo puesto adquirió gran experiencia en la técnica orquestal y en los efectos escénicos más caros al público.
 
En 1867 estrenó su primera ópera, La grand'tante, en la Opera Cómica de París.
 
Interrumpida su carrera de compositor a causa de la guerra franco-prusiana y los sucesos de la Comuna de París, volvió a alcanzar el éxito con otra ópera, Don César de Bazán (1872), y sobre todo con su drama sacro Maríe-Magdeleine (1873), estrenado por Pauline Viardot-García y que constituye un paradigma de las vidas noveladas de personajes femeninos a los que Massenet recurrió varias veces a lo largo de su carrera.
 
La obra que le consagró en el campo operístico fue Le roi de Lahore (1877), estrenada en la Ópera de París, la cual refleja cierta influencia de Les pécheurs de perles, de Bizet.
 
En 1878 sustituyó a Francois Bazin en el Conservatorio, siendo nombrado profesor de composición, cargo que conservó hasta 1896. En su ejercicio, Massenet formó a toda una generación de jóvenes compositores (Gustave Charpentier, Florent Schmitt, Reynaldo Hahn, Charles Koechlin), en los que supo descubrir y desarrollar sus propias facultades, sin imponerles sus particulares puntos de vista.

Al tiempo que impartía clases, Massenet siguió componiendo sin cesar, pudiendo contabilizarse en su catálogo 29 óperas (aparte de 7 óperas perdidas o destruidas), 13 piezas de música incidental, 3 ballets (Le carillon, 1892; Cigale, 1904, y Espada, 1908), 7 dramas sacros y profanos, diversas obras instrumentales, vocales y de cámara y una gran cantidad de canciones con textos de V. Hugo, A. Alexandre, H. Vacaresco, G. Boyer, A. Silvestre, G. de Maupassant. etc.

 
El estreno de Manon en 1884, en la Ópera Cómica de París, hizo de Massenet el más popular de los compositores operísticos de Francia al conjugar musicalmente lirismo y tragedia al servicio de una trama (las desventuras amorosas del caballero Des Grieux y Manon Lescaut) harto conocida del público a través de la novela del abate Prévost publicada en 1731.
 
Al éxito de esta obra siguieron tres fracasos (Le Cid, Esclarmonde y Le mage), que no desanimaron al autor, quien en 1892 presentó en Viena Werther, obra que, al igual que Manon, se servía de un texto conocido, en este caso la novela homónima de Goethe, y que glosaba así mismo la trágica frustración de unos amores desgraciados.

De 1894 es Thaís, ópera más ambiciosa que las dos anteriores, pero no tan lograda, que se basa en un texto de Anatole France. De entre las restantes óperas de Massenet destacaremos Le portrait de Manon (1894), en la que presentó a Des Grieux, el protagonista de Manon, ya en edad madura, Sapho (1897), basada en una novela autobiográfica de Alphonse Daudet, Cendrillon (1899), Grisélidis (1899), Le jongleur de Notre Dame (1902), obra que ofrece la particularidad de carecer de personajes femeninos, Arianne (1906), Thérése (1907), Don Quichotte (1910), escrita para el bajo ruso Feodor Chaliapin e inspirada en la obra de Jean Lorrain Le chevalier de la longue figure, Roma (1912) y Cléopátre, estrenada póstumamente (1914).

 
Considerado como el heredero musical de Gounod (llegó a apodársele con hiriente ironía «La filie de Gounod»), la música de Massenet, que gustaba de una frase melódica breve y ligera y de un estilo de declamación del verso que siguiera de cerca el ritmo natural de las palabras, influyó más en sus contemporáneos que en sus discípulos. Entre los primeros debemos citar al Debussy de Pelléas et Mélisande, al Ravel de L'enfant et les sortiléges e incluso a autores como Puccini y Chaikovski.
 
Al igual que Puccini y Richard Strauss, Massenet disfrutó en su tiempo de una enorme popularidad porque supo reflejar fielmente las ideas, prejuicios y preocupaciones de sus contemporáneos y, aunque su concepción de la ópera y su estética musical puedan parecernos hoy más lejanas que las de los dos compositores citados, los tres son típicos representantes de la cultura burguesa europea de la segunda mitad del siglo XIX . 







 


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