LA ÓPERA DE MOZART


La compleja situación de la ópera durante la parte final del siglo XVIII se refleja en las óperas de Mozart, quien se desenvolvió en todos los géneros teatrales de la época y tuvo el talento para combinar elementos de todos ellos de tal manera que, aunque no es fácil categorizar sus obras con exactitud, la ópera se transformó en el tipo de experiencia abrumadora tan anhelada y planeada por sus fundadores.

Mozart compuso cinco opere serie; la primera en 1770, Mitridate, re di Ponto, y la última en 1791, La clemenza di Tito. Todas las escribió por encargo, dos para Milán y las otras para Salzburgo, Munich y Praga.

Todos los libretos excepto uno fueron de Metastasio o tomando su estilo y la cohesión musical gira en torno al aria. Los recitativos de Metastasio para La clemenza di Tito fueron abreviados por Caterino Mazzolá, quien adaptó el libreto para Mozart arreglando los tres actos originales a sólo dos y agregando ocho piezas concertadas.

Las óperas serias de Mozart se centran en las voces agudas, incluyen partes para castrato y arias para el lucimiento virtuoso; en general, hay un abandono del aria da capo y los largos ritornellos fueron más cortos en las últimas óperas. La única excepción apegada al plan original de Metastasio fue Idomeneo, obra maestra indiscutible de Mozart en el género de la opera seria que acusa un distintivo gusto gluckiano con buenos coros y espacio para piezas orquestales como la chacona, la marcha y la música de ballet. Mozart integra la obertura a la primera escena, emplea trombones para la escena del oráculo y escribe partes extensas para instrumentos solos a la manera de la symphonie concertante parisina. No obstante, predomina el estilo italiano, sobre todo en los conjuntos y en una o dos arias coloratura, especialmente para castrati.

Mozart compuso siete opere buffe entre 1768 y 1790 (además de dos inconclusas), todas dentro de la tradición del dramma giocoso de Goldoni. De éstas, dos se basaron en libretos ya existentes que otros compositores habían musicalizado recientemente y las demás tenían libretos escritos específicamente para él, con su propia participación activa en el proceso. Dos fueron compuestas por encargo directo y las otras para el público en general, además de las inconclusas que seguramente obedecieron a razones personales.

Ya desde La finta giardiniera (1774) los personajes aparecen divididos en parti serie (personajes serios de clase social alta) y parti buffe (personajes cómicos de clase baja) y las exigencias para las voces de registro agudo, y ocasionalmente los bajos, son tan grandes como en la ópera seria.

Los argumentos son predominantemente comedias sociales y, a pesar de que en ningún momento revelan abiertamente intenciones políticas o morales, esbozan comentarios importantes sobre las costumbres de la época.

La organización musical se centra más en los conjuntos que en las arias. Le nozze di Figaro (1786) tiene el mismo número de arias que de piezas concertadas. Estas piezas instrumentales, y en particular los finales, son más extensas, tienen escasas intervenciones corales y carecen de ballet, aunque demandan un tipo de baile informal. De los finales, dos son movimientos extensos con secciones múltiples y conclusiones rápidas en tonalidad mayor. En estas secciones la orquesta carga con la responsabilidad de mantener la continuidad en un estilo sinfónico, mientras que en otras interpreta piezas características.

En Don Giovanni (1787) la obertura se integra a la primera escena e inter-vienen trombones en la escena de la estatua, dos rasgos reminiscentes de Gluck. De tal manera, si bien predomina una actitud bulla más cercana a la vida real que en la ópera seria, todas estas óperas desarrollan elementos serios; por encima de todo, el descenso de la estatua a los infiernos en Don Giovanni, con música atemorizante, introduce un elemento sublime, casi religioso, que transporta al oyente mucho más allá de las actitudes amables convencionales de la opera bulla.

Mozart compuso cinco obras mayores en alemán a la manera del Singspiel, una quedó inconclusa, otra es una comedia sacra con música y otra más una "comedia" en un solo acto con números musicales. Las dos piezas de infancia tienen música simple dentro de la tradición de la opéra comique.

Las obras de madurez son comedias con un exótico color local (Zaide, 1779-1780; Die Entführung aus dem Serail, 1782) o bien con elementos mágicos (Die Zauberflöte, "La flauta mágica", 1791). Ninguna puede considerarse exclusivamente humorística; de hecho, La flauta mágica es una alegoría masónica que combina elementos de crítica social y creencias religiosas.

La diferenciación social entre la nobleza y las clases bajas forma también parte del argumento expresada en una música que abarca desde canciones estróficas simples para los sirvientes hasta arias elegantes para los príncipes y las damas nobles. La variedad musical es mucho mayor incluso que en la opera bulla convencional. En ella aparecen arias heroicas (como las de la reina de la noche en La flauta mágica), incluso con partes instrumentales concertadas (el aria "Martern aller Arten" de Constanza en Die Eniführung), cavatinas y finales bullo. La flauta mágica tiene elementos excepcionales: un preludio coral bachiano, una marcha secular de corte religioso y el aria al estilo himnódico de Sarastro, "O Isis und Osiris". La obertura no se integra a la primera escena, pero las fanfarrias iniciales reaparecen a lo largo de la ópera.

En las óperas de Mozart podemos comparar los tres géneros representativos de la época: opera seria, opera bulla y Singspiel. En los tres el compositor supo plasmar una expresividad seria con elementos intercambiables. Los géneros italianos denotaron mayor firmeza y prestigio y siguieron vigentes durante la mayor parte del siglo XIX; pero los géneros vernáculos, que en Mozart superaron la simple comedia vulgar, se abren a un tratamiento más serio (La flauta mágica pude considerarse el punto de partida para la tradición alemana de la ópera seria.)

Las óperas mozartianas abarcan temas religiosos y morales, de clases sociales, de contenido político, de sucesos heroicos y de la vida doméstica. La música varía desde lo más simple hasta lo extraordinariamente complejo, estableciendo estereotipos que ofrecen fluidez y adaptabilidad a las exigencias del tema. Mozart alcanzó así uno de los objetivos de los fundadores florentinos del género, "conmover al ser humano", aunque sin duda se habrían sorprendido de los medios que empleó para lograrlo.

Por todo esto las óperas de Mozart, además de sintetizar los logros operísticos anteriores, abrieron caminos que ejercerían enorme influencia en el futuro. La ópera italiana desarrolló el género de la opera bulla dentro de esta línea mozartiana a través del trabajo de Par y Rossini.


En Alemania, la moral ilustrada de La flauta mágica estimuló el desarrollo de un Singspiel más ambicioso. Sólo en Francia el impacto de Mozart tuvo poca resonancia, principalmente debido a un nacionalismo que se extendió rápidamente a través de la Revolución y del gobierno imperial de Napoleón.

 

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