¿QUE ES UNA MAZURCA?

 
La mazurca es una forma de baile que constituye uno de los múltiples ejemplos de danzas que tienen su origen en el folklore popular. La mazurca pasó con el tiempo a formar parte del repertorio de la música culta y a determinar una forma concreta de composición. Como danza de origen polaco, ha sido muy cultivada por los músicos de este país, siendo Chopin quien le dio una categoría internacional.

La mazurca es una danza de origen polaco, concretamente de la localidad de Mazovie, de compás ternario, ritmo rápido y con un particular punteado.
 
Una de sus características consiste en el desplazamiento del acento, que se realiza en el segundo o en el tercer tiempo, es decir, en los puntos más débiles del compás, coincidiendo este acento con un taconazo de los bailarines.
 
Esta danza se ejecuta en redondo con cuatro u ocho parejas, teniendo éstas cierta libertad para improvisar pasos, sobre todo por parte de los bailarines masculinos.
 
Como danza popular existió desde el siglo XVI, empezando a ser cultivada por la nobleza y la burguesía a partir de 1600. El nombre de «mazurca» no se utilizó hasta el siglo XVIII, coexistiendo con otros nombres menos conocidos, como obracany, obertas, drobny, etc.
 
De esta danza existen dos variedades: el oberek, de ritmo muy rápido, melodía en extremo adornada y que se baila dando unas vueltas rápidas, y el kujawiak (denominado también okragly), que es una forma más lenta, dotada de una lírica melodía en la que está permitido el rubato (pequeña modificación, en determinados momentos del tempo) y que se halla construida sobre una estructura simétrica.
 
Junto a otras danzas variedad de la polonesa, la mazurca trascendió las fronteras polacas y desde principios del siglo XIX se la asoció al vals, primero en los salones de baile de París y poco después en los de toda Europa, desde Italia a Rusia, alcanzando gran predicamento en este último país.
 
Por otra parte, su particular estructura rítmica empezó a quedar reflejada en algunas canciones, como las compuestas por Marcin Mielczewsky a mediados del siglo XVII, así como en algunas misas, sinfonías, óperas y en ballets posteriores al siglo XVIII.
 
El compositor que más hizo en pro de la difusión internacional de esta forma fue sin duda Frédéric Chopin, quien escribió cerca de medio centenar de extraordinarias mazurcas. Además de Chopin, otros músicos polacos compusieron mazurcas; citemos entre ellos a Maria Agata Szymanowska, Henryck Wieniawsky, Roman Statkowsky, Artur Malawsky, Karel Szymanowsky y Stanislaw Moniuszko, quien incluyó esta danza en alguna de sus óperas.
 
Glinka, Musorgski y Chaikovski, entre otros, escribieron también mazurcas y utilizaron su estructura en algunas de sus piezas, por ejemplo, en La vida por el zar, del primero de los citados.



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