LA MÚSICA DE OCEANÍA


En el presente artículo se tratan, por un lado, las músicas pertenecientes a los pueblos de las islas del Pacífico (Melanesia, Polinesia y Micronesia), cuyo tesoro musical proviene de ancestrales ritos y ceremonias religiosas, algunas de las cuales todavía se ejecutan en la actualidad; por otro lado, se examinan las músicas del continente australiano, tanto desde el punto de vista etnológico como dentro del panorama histórico de la música occidental. 

 
Oceanía comprende una gran variedad de grupos étnicos apiñados en un sinfín de pequeñas islas que durante el siglo XVIII fueron bautizadas por los colonos y cartógrafos occidentales con los nombres de Melanesia, Polinesia y Micronesia.
Melanesia, situada al nordeste de Australia, comprende las islas más grandes de todo el continente (Papúa y Nueva Caledonia) y ofrece múltiples contrastes étnicos (se hablan más de 700 lenguas diferentes).
Las danzas tradicionales de los distintos pueblos que la constituyen son una de las principales formas de expresión musical, distinguiéndose por el conjunto de movimientos de carácter repetitivo, ejecutados en grupo y en sentido circular.
La música vocal, fundamentalmente monofónica, es cantada al unísono o en octavas, y sus melodías son embellecidas con ricos melismas. En las islas Fidji y Salomón se encuentran, no obstante, numerosas muestras de música polifónica, compuesta por reputados compositores nativos, que a su vez se encargan de renovar el repertorio.
La música instrumental, menos frecuente, está construida predominantemente en base a escalas pentatónicas o tritónicas.
Desde el punto de vista organológico, Melanesia cuenta con diferentes flautas de Pan, tañidas en conjunto o individualmente, y con instrumentos de percusión, como el garamut de Nueva Guinea. 

 
Polinesia abarca el área más extensa de todo el conjunto de las islas; situada al este de Melanesia y de Australia, comprende, además de Nueva Zelanda y Hawai, la Polinesia francesa y Samoa. Las danzas rituales, a diferencia de las creadas en Melanesia, son ejecutadas casi sin desplazamiento por parte de los danzantes, pero inciden en mayor medida en la expresividad de manos y brazos, como en el caso del célebre baile de Hawai denominado hula.
La música de Polinesia es primordialmente vocal, siendo de gran importancia el tipo de texto cantado (en su mayoría poemas), determinante del estilo rítmico y melódico de cada pieza. Los instrumentos que gozan de mayor popularidad son los de percusión, como el tambor cilíndrico o pahu, y otras variantes como el tini o el puniu, así como las distintas flautas de bambú (entre ellas el ohe hano ihu), algún tipo de trompeta, caracolas, y el célebre instrumento introducido por los portugueses en Hawai a finales del siglo XIX, el ukelele (especie de guitarra pequeña).
Micronesia, situada al norte de Melanesia, comprende entre otras las islas Carolinas, Gilbert y Marshall, sumando un total de 2.000 pequeñas islas y casi 15 lenguas. De los tres grandes grupos de islas del Pacífico, es en Micronesia donde poesía, danza y música se hallan más íntimamente ligadas.
Las danzas son ejecutadas por bailarines que se colocan formando hileras, logrando, a pesar de estar sentados, una excepcional compenetración entre el movimiento de sus miembros, la expresividad de su lírica y la sobriedad de su música. Ésta, primordialmente vocal y monofónica, tiene una reducida extensión de desarrollo melódico (apenas una tercera) y excepcionalmente emplea una construcción polifónica rudimentaria en base a octavas paralelas. Aunque la variedad de instrumentos empleados es más limitada que en los anteriores grupos de islas, cabe mencionar sus flautas nasales (una variedad del birimbao), los tambores cilíndricos y otros instrumentos de percusión.
La música tradicional de Australia, es decir, la perteneciente a los grupos étnicos nativos de este territorio, comparte gran número de características comunes a las de las músicas de las islas, aunque presenta también notables rasgos específicos.
Transmitida oralmente, la escasa variedad de sonidos que los instrumentos musicales de los aborígenes australianos eran capaces de producir hizo que la desarrollara una técnica interpretativa propia, con el fin de ornamental la parca riqueza armónica proporcionada por sus acompañantes. Así, encontramos piezas ejecutadas con refinados falsetes y, a la vez, amargos lamentos interpretados al son de complejas estructuras rítmicas, monofónicas y, con mayor asiduidad, polifónicas; la melodía era fundamentalmente pentatónica y en ocasiones heptatónica. Sus instrumentos eran básicamente percutidos, aunque destaca un instrumento de viento de peculiar sonoridad: el didjeridu.
La riqueza de timbres y formas musicales autóctonas se conservó intacta hasta comienzos de nuestro siglo; sin embargo, ya en los inicios del siglo XIX empezaron a despuntar las primeras manifestaciones musicales europeas en Sidney y Melbourne.
Isaac Nath (1792-1864) fue el iniciador de algunas de las más prestigiosas sociedades musicales del país, que posteriormente darían como resultado la Philharmonic Society de Sidney. En los primeros años del presente siglo crearon los primeros conservatorio las primeras formaciones orquestales, las cuales se fueron repartiendo poco a poco por toda la nación (incluida Nueva Zelanda), hasta llegar a tener cada ciudad una orquesta. Entre ellas destacan las de Sidney Canberra, Queensland, Brisbane y Hobart.
De los diferentes conservatorios de las ciudades surgieron numerosos compositores, algunos de ellos con pleno carácter autóctono, como Hutchens, Douglas, Antill, Banks, Meale, Werder y Sutherland, entre otros.

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