LA MUSICA NAVIDEÑA


Se incluyen bajo este epígrafe las piezas musicales, generalmente de carácter popular, destinadas a conmemorar el nacimiento de Cristo.

La tradición de cantar durante las fiestas navideñas se remonta a los primeros años del cristianismo, en los que empezaron a reunirse grupos de fieles para entonar cánticos de devoción. Dicha tradición alcanzó gran predicamento durante los siglos XVI y XVII en toda Europa. Debido a ello, muchas de estas piezas fueron recopiladas e impresas en forma de antologías o colecciones. 

 
Entre los siglos IX y XIII se difundieron numerosas piezas (la mayor parte de ellas escritas en latín, la lengua culta por excelencia) cuyo objetivo principal era la celebración del nacimiento de Cristo; no obstante, con posterioridad empezaron a escribirse los textos de estas piezas vocales navideñas en lengua vernácula; ejemplo de ello son los cantos de origen galo Celebrons la naissance-Nostri Salvatoris o In dulci jubilo (cuyo texto sigue en francés), entre otros muchos. 


En el siglo XIV aparecieron las primeras muestras de canciones polifónicas de carácter navideño, en las que se especializó el trovador francés Adam de la Halle (prototipo de ellas es su célebre Dieus en cheste maison), siendo ampliamente cultivado este género en la mayoría de las cortes europeas, a excepción de la de Flandes.

A partir de la segunda mitad del siglo XV se aprecia un enorme incremento en el número de composiciones de este tipo, a juzgar por la gran cantidad de ellas que nos han llegado. Hasta tal punto fueron abundantes, que los copistas e impresores se vieron obligados a reunirlas en forma de volúmenes, surgiendo, de este modo, las primeras antologías de música escrita específicamente para la Navidad.
Durante este mismo período se interpretaron por primera vez los cánticos navideños en el transcurso de las celebraciones litúrgicas y, excepcionalmente, dentro de la propia Iglesia, costumbre ésta que se ha perpetuado hasta nuestros días. 

 
En España, la forma denominada villancico fue la que reprodujo de manera más fiel el espíritu navideño de la época, si bien este vocablo originalmente se asoció a una composición de carácter profano (de «villano», campesino), desarrollándose posteriormente a partir de su estructura el villancico religioso, paralelo del madrigal sacro.
Cultivado profusamente por los compositores españoles de los siglos XVI y XVII, el villancico logró satisfacer el fervor popular mediante delicadas piezas vocales de inigualable brillantez y sensibilidad estilísticas.
Los más prestigiosos autores del Siglo de Oro hispánico escribieron un sinfín de ellos, a cuál más exquisito, que no admiten parangón con otros ejemplos producidos en el resto de Europa.
En colecciones como las contenidas en los Cancioneros de Palacio, Medinaceli o Uppsala, los villancicos escritos por Juan Vázquez y Juan del Encina, las Canciones y villanescas espirituales (1589), de Francisco Guerrero, o el Parnaso español de madrigales y villancicos a varias voces (1614), de Pedro Ruimonte, son una muestra de la fértil producción navideña española de este período.
Así también en el resto de los países de Europa proliferaron esta suerte de cancioneros en los que había poemas de tema navideño, cuyo cultivo no cesó durante los siglos XVII y centurias (particularmente esta última) en las que la música de Navidad trascendió la forma cantada para convertirse exclusivamente en una estructura instrumental, o bien en la combinación de ambas disciplinas, como ocurre en las obras de Biber, Boésset, Brade, Frescobaldi, Benevoli, Romero e Hidalgo.
Es famoso, y ya en el ámbito eminentemente instrumental del segundo período barroco, el concierto que escribiera Corelli para la noche de Navidad, asunto celebrado también en Italia por compositores como Vivaldi, Locatelli y Geminiani.
Dentro de la música alemana del siglo XVIII destaca, entre otras obras de extraordinaria concepción, el Oratorio de Navidad, de J. S. Bach, así como un buen número de partituras de Haendel, Telemann y Pisendel; mientras en España destacaron en este campo Literes y el olvidado Durón, autor de unas magnificas composiciones para coro y orquesta.
Cabe citar en Francia los nombres de D'Andrieu (o Dandrieu) y Clerambault, parangonables a los de Arne y Boyce en Inglaterra.
Ya encaminados hacia el Clasicismo, en el que sus dos grandes figuras, Haydn y Mozart, siguieron escribiendo música dedicada al nacimiento de Cristo, encontramos unas piezas de excepcional belleza y a menudo ignoradas: los motetes navideños de Boccherini.
Durante el siglo XIX mantuvieron la tradición de la música navideña los más destacados artistas, como Schubert, Schumann, Bramhs, Wolf, Berlioz y Franck, continuada en nuestra centuria por Elgar, Debussy, Ravel, Honegger, Britten, partók y Messiaen, en cuyo catálogo destacan La Nativité du Seigneur y sobre todo Vingt regards sur l'Enfant Jésus.



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