MAGNIFICAT


Con la palabra latina Magnificat comienza el Canticum Mariae, una de las piezas musicales del oficio litúrgico que han proporcionado muchas y bellas composiciones a la historia de la música. El texto pertenece al Evangelio de San Lucas y consiste en la respuesta dada por la Virgen a su prima Isabel cuando la visitación.

Si bien en la Iglesia oriental el Magnificat pertenece al oficio matutino, en la Iglesia latina se canta en las vísperas y constituye uno de los tres cantica maiora, entonándose en la liturgia ordinaria mientras el sacerdote inciensa el altar y las reliquias.
 
Su forma musical litúrgica es la del salmo, con la diferencia de que cada versículo no tiene una entonación previa, como ocurre en el Benedictus del laudes.
 
Existe una fórmula de Magnificat para cada uno de los ocho tonos eclesiásticos, según la antífona que le cuadra, y varía de una fiesta a otra.
 
Los primeros ejemplos conservados datan del siglo X. Originalmente, el Magnificat era cantado por hombres y mujeres alternativamente, o bien por adultos y niños, repitiéndose la misma fórmula a la octava.
 
La solemnización del Magnificat tuvo lugar en el siglo XV, cuando tomó carácter polifónico. Los primeros ejemplos de Magnificats polifónicos son ingleses. En esta época apareció, además, el Magnificat altematim, es decir, el que presentaba alternancia entre coro y órgano.
 
Poco tardó el Magnificat en acercarse a la forma de la cantata: los versos se fueron individualizando en recitativos, dúos, tríos o piezas a cuatro o más voces hasta a convertirse en una composición decorativa que sobrepasaba el mero marco litúrgico.
 
A partir del siglo XVII, las partes polifónicas solían empezar con «Anima mea Dominum», dejándose al celebrante la entonación de la palabra «Magnificat».
 
Los Magnificats de los grandes polifonistas del Renacimiento (Morales, Lasso o Palestrina), así como los de los italianos del siglo XVII y principios del XVIII (Monteverdi, Vivaldi o Albinoni) suponen la etapa anterior a la culminación del género que se llevó a cabo con Bach. En efecto, en este compositor el Magnificat se aleja de la fórmula litúrgica para convertirse, como en el caso de las Pasiones, en un género musical más, haciéndose cada vez más plausible su paralelo con la cantata, con sus preludios orquestales y con la distribución de los versículos del texto evangélico en los diferentes registros de las voces y en las más variadas combinaciones.
 
A partir del siglo XIX, el Magnificat tomó formas cada vez más libres. A continuación, transcribimos el texto latino del Magnificat usado por la mayoría de compositores:

Magnificat anima mea Dominum.
Et exultauít spiritus meus in Deo salutari meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae:
ecce enim ex hoc beatam
me dicent omnes generationes.
 
Quia fecit mihi magna, qui potens est,
et sanctum nomen eius.
 
Et misericordia eius a progenie in progenies
 timentibus eum.
 
Fecit potentiam in bracchio suo,
dispersit superbos mente cordi sui.
 
Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles.
 
Esurientes impleuit bonis et diuites dimissit inanes.
 
Suscepit Israel puerum suum,
recordatus misericordiae suae,
sicut locutus est ad Patres nostros,
 Abraham et semini eius in saecula.
 
Gloria Patri, et Filio et Spiritui Sancto.
 
Sicut erat in principio,
et nunc et semper et in saecula saeculorum.
 
Amen.


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