MODEST MUSORGSKI


Músico de singular expresión técnica, Musorgski no tuvo durante su atormentada existencia, ni siquiera en Rusia, el reconocimiento que su obra merecía. Sin embargo, con el paso de los años, su prestigio fue en aumento y hoy se le considera uno de los más grandes músicos rusos, sobre todo por su admirable ópera Boris Godunov, basada en una tragedia de Alexandr Pushkin publicada en 1825.

Karevo, 21 de Marzo de 1839
San Petersburgo, 28 de Marzo de 1881. 

 
Nacido en Karevo, provincia de Pskov, en una familia de la pequeña nobleza terrateniente, Modest Petrovich Musorgski vivió los primeros diez años de su vida en abierto contacto con el campesinado ruso, clase sometida a una feroz servidumbre social que aún tardaría varios lustros en ser abolida por el zar Alejandro II.


El propio Musorgski portaba estigmas plebeyos en su sangre, pues su padre era hijo natural de un aristócrata rural y de una de sus siervas.


Comentaristas proclives a lo legendario vieron en la oculta llamada de la sangre la razón del amor que Musorgski manifestó por los campesinos, cuyas voces acogió en muchas de sus composiciones. Pero cabe recurrir a explicaciones más plausibles de esta actitud si se tiene en cuenta que, además del conocimiento directo que tuvo de las preocupaciones y miserias campesinas, Musorgski recibió a través de su nania (aya) un amplio caudal de la tradición popular, cuyos cantos educaron su oído y cuyos relatos turbaron sus sueños provocándole estados de terror. 

 
De la milicia a la música
Hijo de un melómano entusiasta y de una discreta pianista aficionada, Musorgski recibió de su madre, con quien le unió siempre un intenso afecto, sus primeras lecciones de piano. A los diez años fue enviado a San Petersburgo, donde estudió piano con Anton Herke, maestro de formación alemana y en 1852 se inscribió en la Escuela de Oficiales de la Guardia, carrera que estaba más acorde que la música con las costumbres e intereses de la clase a la que pertenecía.
Como buen hijo de aristócrata, desde niño dominó el francés y el alemán, y durante su adolescencia estudió latín, historia y filosofía alemana, a pesar de que en la escuela de cadetes estaban casi proscritos el estudio y la dedicación intelectual.
Con ese bagaje cultural, su apuesto porte, su dominio del piano y su atractiva voz para cantar y recitar en varias lenguas, no es de extrañar que Musorgski fuera protagonista de éxitos mundanos en los salones de la buena sociedad petersburguesa y que quizá viviera entonces la única época moderadamente dichosa de su desgraciada existencia. Nada hacía presagiar en esos momentos los desequilibrios psíquicos, agravados por la bebida, que veinticinco años después iban a consumir al desventurado músico.

Se acostumbra situar en esta época el primer fracaso amoroso de Musorgski y se señala como causa de su pasión a una prima suya, cuya muerte prematura a los trece años habría perturbado seriamente el equilibrio sentimental del compositor. Es difícil, sin embargo, aventurar una hipótesis acerca de las relaciones amorosas que Musorgski pudiera haber establecido con las muchas mujeres que, según refiere Borodin, se le mostraron solícitas; ni tampoco el supuesto drama de su prima permite explicar suficientemente los enigmas que envuelven su vida íntima. Sólo los datos fehacientes de las confesiones escritas por el propio músico permiten saber que mostraba cierto grado de aversión al contacto sexual y descubren abiertamente ideas muy firmes en contra del matrimonio.

En San Petersburgo estableció también Musorgski lazos amistosos y profesionales que iban a influir decisivamente en él a la hora de elegir sus verdaderos intereses sociales y artísticos.
En 1856 conoció a Dargomiski y a Borodin, y poco después a Cui, Stasov y Balakirev; la influencia de las formas y estilos de la tradición musical germana que este último le dio a conocer es notable en los primeros trabajos creativos de Musorgski, aunque más tarde el compositor abandonó por completo estos modelos para decantarse por un Nacionalismo musical hondamente sentido. La amistad y colaboración establecidas por estos jóvenes músicos habían de dar nacimiento algunos años después al célebre Grupo de los Cinco (formado por Balakirev, Cui, Borodin, Musorgski y Rimski-Korsakov), la plana mayor de la música nacionalista rusa.
Las ideas de justicia y progreso social, el ateísmo y las aspiraciones de democratización del arte que dominaban las preocupaciones del grupo de jóvenes artistas empujaron a Musorgski a desprenderse de la imagen de buen hijo de la aristocracia que había mostrado en los salones mundanos y decidieron en su ánimo el triunfo del arte sobre la milicia.
En 1859, siendo aún cadete, abandonó el ejército para entregarse a la música, no sin antes haber sufrido la primera crisis de depresión nerviosa con signos de epilepsia, que duró de 1857 a 1859 y que acabó por definir los rasgos principales de su personalidad.

Un oscuro funcionario

La década de 1860 comenzó con signos bonancibles para Musorgski, cuando asistió en Moscú a la primera audición pública de una de sus obras (el Scherzo orquestal dirigido por Anton Rubinstein) y conoció a Nadieschda Petrovna Opochinina, hermana de un amigo y la única mujer con la que el músico había de mantener una relación amistoso-amorosa de cierta consistencia, aunque no bien definida y truncada doce años después por la muerte de la joven.
Alentado por Balakirev, pero aún sin conocer los secretos de la composición, Musorgski se entregó largamente y con pasión a la actividad creadora, si bien en 1862 dificultades económicas y problemas en las parcas propiedades familiares de Karevo abocaron al músico a otro período de zozobra, del que salió para convertirse, acuciado por la necesidad, en un oscuro funcionario ministerial.
Huyendo a la vez del matrimonio y de la soledad, se instaló en régimen de comuna con un grupo de amigos, ámbito propicio para encendidas tertulias intelectuales a las que asistían reconocidos artistas y literatos, entre ellos el escritor Ivan Turgerám. La muerte de su madre en 1865 y la pérdida definitiva del patrimonio familiar echaron por tierra el precario equilibrio emocional de Musorgski, quien hubo de abandonar la comuna y la ciudad para buscar su recuperación.

Un período fértil
Por entonces ya había compuesto algunas obras notables, como los bocetos de Una noche en el Monte Pelado (1867), los fragmentos inspirados en el Edipo en Atenas, de Ozerov (1858-60), fragmentos de una ópera basada en la obra de Flaubert Salammbó (1863-65), algunas piezas para piano y un conjunto de interesantes canciones.
En 1868, recuperado de nuevo, trabajó intensamente en la ópera El matrimonio, siguiendo el texto en prosa de Nikolai Gogol, pero dejó abandonado este trabajo para dedicarse a la creación de Boris Godunov, dominado por el entusiasmo que la lectura de la obra homónima de Pushkin le había causado.
A su regreso a San Petersburgo, Musorgski se había alojado en casa de los Opochinin, bajo el mismo techo que Nadieschda, y allí escribió la primera versión (1869) de esta ópera, que desgraciadamente fue rechazada por los teatros imperiales.
Por esta época el músico conoció a la hermana de Glinka, Ludmila Chestakova, mujer mayor que él y con la que mantuvo una relación de corte materno-filial.
La segunda versión de Boris Godunov la terminó en 1872 alojado en casa de Rimski-Korsakov y corrió la misma suerte que la primera. Finalmente, dos años después, esta obra maestra fue presentada con éxito en San Petersburgo. Pero el entusiasmo que despertó la ópera tenía esencialmente connotaciones políticas y sociales, y derivaba de la exaltación que en ella hacía Musorgski de la figura del campesino ruso y del folklore tradicional. Musicalmente la obra no gustó a los entendidos, y el compositor tuvo incluso que sufrir las críticas de ciertos amigos, especialmente de Borodin, Balakirev, Cui y Stasov.
En 1874 vio también la luz otra de las obras maestras de Musorgski, Cuadros de una exposición, suite pianística que compuso en sólo siete días inspirándose en dibujos y proyectos que integraban una exposición póstuma dedicada a la labor del arquitecto Victor Hartmann, amigo del compositor.

Una obra a la deriva
La boda de Rimski-Korsakov en 1872 supuso para Musorgski un sentimiento de abandono y le obligó a dejar el alojamiento compartido y a instalarse en otro junto con el poeta Arsene Golenischev-Kutuzov, con quien le unía cierto parentesco y una honda amistad que dio pie a la maledicencia.
Los poemas de Golenischev-Kutuzov inspiraron a Musorgski la composición del ciclo de canciones Sin sol (1874), los Cantos y danzas de la muerte (1875-77) y las baladas El olvido (1874) y Visión (1877).
Sentimientos de abandono y decepción ofuscaron de nuevo el espíritu de Musorgski cuando Golenischev-Kutuzov contrajo matrimonio en 1875. Acosado constantemente por la soledad, herido por las frustraciones afectivas e incomprendido dolorosamente por los restantes correligionarios del Grupo de los Cinco, Musorgski cayó en el caos y se refugió en el alcohol, lo que agravó sus crisis epilépticas, que algunos suponen de delirium tremens ocasionadas por su entrega a la bebida.
Durante años trató en vano de concluir otras dos óperas, Khovanchina y La feria de Sorochinzi. El vacío creativo perduró hasta 1877, año en que compuso la ya citada Visión y los mediocres Heder basados en poemas de Tolstoi.
No había cumplido aún los cuarenta años y Musorgski era ya un hombre física y artísticamente arruinado que malvivía gracias a algunas giras de conciertos, que le permitían recorrer y conocer Rusia, y a su trabajo como pianista acompañante en una escuela de canto.
En 1879 aún logró componer dos excelentes canciones, En el Dniéper y la Canción de la pulga, y, a pesar de que le era difícil hasta procurarse su propia comida, jamás dejó de participar en conciertos benéficos.
Tras una postrera aparición pública en febrero de 1881, el compositor fue acogido en el Hospital Militar Nikolaievski y murió en marzo, presa de sucesivos y angustiosos ataques de delirium tremens. En los momentos de lucidez, Musorgski repasaba el Tratado de instrumentación de Berlioz, como justificando el desprecio que sus amigos mostraban por su música, a la que consideraban armónicamente heterodoxa e instrumentalmente precaria. Quizá por ello buena parte de su obra fue preparada por Rimski-Korsakov para su publicación póstuma, el cual reescribió admirablemente Una noche en el Monte Pelado y acabó y orquestó Khovan-china; no obstante, al tratar de llevar Boris Godunov a los cauces tradicionales de la ópera, dándole una nueva orquestación para corregir las «insuficiencias» de Musorgski, lo que hizo fue traicionar, a juicio de muchos, su auténtico genio, y arruinó la originalidad de la obra. Hoy existen ya ediciones completas de las distintas versiones que el propio autor hizo de su obra maestra.



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