PIETRO MASCAGNI


- Livomo, 7 de diciembre de 1863

- Roma, 2 de agosto de 1945

La figura de Mascagni, uno de los pilares del Verismo junto a Ruggero Leoncavallo, se asocia frecuentemente a éste al citar ejemplos de compositores que deben su fama a una sola ópera.
 
En este sentido, Cavalleria rusticana justifica la celebridad de su autor por cuanto abrió el camino de un nuevo estilo operístico que caló en el público por su poder conmovedor.

Hijo de un panadero, Pietro Mascagni no satisfizo los deseos de su padre de continuar el negocio familiar, pues, gracias a un tío suyo, pudo iniciar sus estudios de música en Livorno y orientó su vida hacia este arte.
 
A los trece años empezó a trabajar en el texto de Zilia, de Felice Romani, material musical que incluiría más tarde en su ópera Guglielmo Ratcliff.
 
En 1882 se trasladó a Milán, en cuyo Conservatorio recibió lecciones de Ponchielli y Saladino hasta que fue expulsado de dicho centro dos años después por su falta de disciplina.
 
Tras dirigir varias compañías de opereta itinerantes, se casó y se instaló como profesor de piano en Cerignola.
 
En 1888 ganó el concurso de la editorial Sonzogno para óperas en un acto con su luego célebre Cavalleria rusticana, escrita en sólo dos meses. El estreno de esta obra en el Teatro Costanzi de Roma, en 1890, bajo la dirección de Leopoldo Mugnone, despertó fervoroso entusiasmo por parte de un público hastiado de la predominante influencia de Wagner.
 
Durante los dos años siguientes, Cavalleria rusticana fue representada en París, Berlín y Londres, obteniendo estas capitales el mismo éxito.  Mascagni se convirtió en el creador de la corriente denominada Verismo, pese a que sólo dos de sus quince óperas pueden ser estrictamente clasificadas dentro de ella.

La siguiente ópera de Mascagni,  L'amico Fritz (1891), decepcionó en cambio, al público, que esperaba presenciar otra Cavalleria; lo mismo ocurrió con I Rantzau (1892), interpretada por la famosa Nellie Melba en el Covent Garden, donde sólo tuvo lugar una representación.

La fama del compositor fue menguando; su estilo permanecía inalterable, y su facilidad melódica se tornó muchas veces vulgar. Sólo en Italia siguió considerándose a Mascagni como un creador primera línea por razones más sociales que  musicales.

A partir de 1921 publicó poco. En 1929 se hizo cargo de alguna de las tareas desempeñadas en La Scala de Milán por el director de orquesta Arturo Toscanini, quien había renunciado a ellas por no querer colaborar con el régimen fascista.

El hecho de que Mascagni se convirtiera en el compositor oficial del régimen no incrementó en nada su reputación, y su ópera Nerone, estrenada con gran pompa en 1935 en el célebre teatro milanés, no llegó a ser más que un inconscientemente irónico tributo a Mussolini.

Diez años más tarde, Mascagni murió repentinamente en el hotel Plaza de Roma completamente desilusionado y en la indigencia.


 

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