¿QUÉ ES LA MUSICOLOGÍA?


Se entiende por musicología el conjunto de disciplinas históricas y teóricas inherentes a la música. 
Este término apareció por primera vez hacia la segunda mitad del siglo XIX en los ambientes intelectuales alemanes y franceses influidos por el positivismo incipiente y en abierta polémica contra el idealismo de signo historicista que había dominado la investigación musical desde los inicios del Romanticismo. 

 
La musicología responde a la necesidad histórica de analizar los fenómenos musicales desde una perspectiva científica, en consonancia con cuanto venía ocurriendo en otras ramas del saber, y muy especialmente en las ciencias naturales, nacidas como tales por aquella misma época (mediados del siglo XIX). 
El punto de partida de esta ciencia podemos situarlo en el impacto que produjo el tratado de estética Vom Musikalisch-Schönen (Lo bello musical), de Eduard Hanslick, aparecido en Alemania en 1854.

Para Hanslick, lo bello en música reside en la propia forma, en la técnica misma de composición, quedando excluido de ella todo contenido trascendente. Queda implícita en tales planteamientos la necesidad de hacerse con una metodología analítica que permita dar razón de la forma del modo más exhaustivo posible.
Como toda ciencia de reciente aparición, en un primer momento la musicología tuvo que tomar prestados de otras disciplinas sus sistemas de investigación: la filología, la lingüística, la paleografía, la física y las ciencias naturales ofrecían en este sentido modelos válidos para una primera aproximación científica a la música.
Los primeros estudios de acústica de Hermann von Helmholtz y Friedrich Carl Stumpt, la catalogación de obras antiguas llevada a cabo por Robert Eitner, las investigaciones sobre las fuentes documentales de Friedrich Chrysander y el interés por la música concebida como lenguaje (con una gramática y una sintaxis específicas) demostrado por Hugo Riemann pusieron en Alemania las primeras bases de la Musikwissenschaft o ciencia musicológica.
Poco después, hacia finales del siglo, se producían los primeros intentos de definir los límites espistemológicos y los contenidos propios de la nueva disciplina, debidos a Guido Adler y al propio Riemann. 


De modo similar, la musicología fue asentándose en Francia: Pierre hacia 1905, fue el primero que utilizó el término, aplicándolo a un trabajo de investigación musical inspirado en las técnicas de la filología comparada mientras que Francois-Joseph Fétis emprendía el estudio histórico de las formas.
Durante los primeros decenios del siglo XX la musicología se consolidó plenamente y ya nadie se atrevió a discutirle el reconocimiento como ciencia establecida.
En España, el iniciador de los estudios musicológicos fue Felipe Pedrell, creador de una escuela cuyas máximas figuras fueron Higinio Anglés, José Subirá, Adolfo Salazar, Santiago Kastner y José María Lamaña. Entre los continuadores de la labor realizada por ellos cabe citar a Samuel Rubio, José López-Calo, José María Llorens y Lothar Siemens Hernández.
Sin embargo, bajo la misma denominación empezaron a quedar incluidos multitud de planteamientos y tendencias entre los que no iba a resultar nada fácil descubrir puntos de convergencia.
En términos muy generales, se pueden distinguir dos grandes vías: por un lado, se agrupan un conjunto de disciplinas de orientación historicista (y que, siguiendo a Adolfo Salazar, podríamos englobar bajo el nombre de musicografía) que consideran las obras musicales como productos histórica y socialmente determinados; por el otro, tendríamos la llamada musicología sistemática (o musicología simplemente, de seguir la terminología salazariana), que reúne los estudios basados en las aportaciones de las ciencias exactas y cuyo objetivo son los elementos constitutivos y constantes de la música.
En el primer grupo cabe incluir disciplinas como la organología, dedicada al estudio de los instrumentos; la paleografía, que se interesa por los sistemas de signos utilizados históricamente; la bibliografía musical, por lo que respecta a la investigación y clasificación de las fuentes documentales; y un sinfín de otras materias, como las biografías de compositores y los diferentes tipos de historia centrados en las formas, los estilos, las instituciones, los intérpretes, las teorías musicales, las tendencias estéticas, etc.
Por lo que respecta al segundo grupo, la enumeración no es menos ecléctica, ya que abarca desde la acústica hasta la sociología de la música, pasando por el análisis formal, la psicología, la semiología e incluso la estética y la filosofía de la música de tipo científico.
Las relaciones entre ambos grupos no han sido precisamente pacíficas. Si ya en el siglo pasado el nacimiento de la musicología estuvo marcado por la reacción al historicismo romántico, el resurgir de un neoidealismo como respuesta al positivismo ha mantenido en el siglo actual durante tiempo las espadas en alto.
Hoy día, la dicotomía sigue sin estar del todo resuelta: pese a las determinantes aportaciones de disciplinas como la sociología o la antropología (cuya versión musicológica es la etnomusicología), de cara a propiciar un entendimiento por lo demás del todo necesario, la realidad de los estudios musicales en gran parte de Europa sigue estando dividida: la enseñanza técnico-profesional de la música perdura como patrimonio reservado de los conservatorios de música, mientras que la musicología sistemática encuentra como único lugar de subsistencia las universidades humanísticas que incluyen en sus programas académicos la música.
El gran reto de la musicología es precisamente llegar a un acercamiento de las diferentes tendencias que habitan en su seno.

Desde su nacimiento en el siglo XIX, la musicología no ha cesado de ampliar sus límites, gracias a numerosos tratados que facilitan el conocimiento del arte musical.



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