EL LIED


Aunque el término lied (en plural lieder) puede traducirse por canción, esto no es del todo correcto, ya que esta voz ha pasado a designar un género concreto de la música vocal (escrito para voz y piano y que toma como texto un poema de un escritor conocido) que se ha centrado y desarrollado en los países de habla germana a partir de la época romántica, concretamente de Schubert, aunque sus precedentes se remontan a finales de la Edad Media. 

 
Además de su discutible equivalencia con la voz «canción», la palabra lied engloba otra acepción que hace referencia a una forma musical de composición denominada «tipo lied», que se encuentra en los movimientos lentos de sonatas y sinfonías, presentando en su forma más sencilla la estructura ABA, es decir, exposición, desarrollo y reexposición de un solo tema o melodía principal de la obra.

Antecedentes


A mediados del siglo XII comenzaron a desarrollarse en Alemania las primeras manifestaciones de la lírica profana propia de los trovadores provenzales, lo que dio lugar a la figura de los estilos y refinados minnesinger o cantores del amor. Estos músicos-poetas crearon un tipo de poema (conocido como «das liet»), de tipo estrófico (en general dos estrofas y unos versos) de conclusión, forma denominada bar), de corta extensión y gran sentido lírico. Uno de los minnesänger más importantes fue Walther von der Vogelweide (h. 1170-h. 1230), quien, después de aprender su oficio en Austria, consiguió con su Canción de Palestina escribir uno de los primeros lieder de alto valor artístico.

Los mismos minnesinger interpretaban sus canciones, aunque a veces se dejaban acompañar por algún instrumentista (juglar) que tocase el laúd, el arpa cualquier otro instrumento apropiado con el que realizaban preludios (Introducción instrumental), interludios (fragmento instrumental en medio de la canción) y posludios (conclusión instrumental); tales acompañamientos nunca se basaban en acordes (varios sonidos simultáneos), sino en una especie de heterofonía consistente en tocar la melodía que se cantaba, pero con variantes melódicas y con ornamentaciones improvisadas. 

 
La aparición de la polifonía en el siglo XIII influyó en todos los campos musicales; en el siglo XIV surgieron los primeros lieder de construcción polifónica, los cuales persistirían hasta principios del siglo XVII; sus principales compositores fueron Isaak, Lechner, Hassler, Schróter y el gran Orlando di Lasso; en ellos se inspiró Lutero para elaborar sus corales.

Con la desaparición de la caballería y el nacimiento de la burguesía, con el consiguiente auge de los gremios, surgieron en el panorama musical alemán los meistersinger o maestros cantores, los cuales, sin poseer el carácter aristocrático de los minnesinger, crearon como ellos una música de carácter culto y usaron la forma bar.

En el siglo XVII se impuso de nuevo el estilo monódico y apareció el denominado Kunstlied, es decir, el lied «artístico» o canción más elaborada, que se diferenciaba de los otros tipos de canciones en que sus autores, ya fueran literatos o músicos, tenían una formación cultural más refinada y elevada. El representante más importante del Kunstlied fue Heinrich Albert (1604-1651), sobrino de Heinrich Schütz y colaborador del poeta Simon Dach, con quien el lied alemán encontró su primer maestro; sus obras son a una sola voz y con acompañamiento instrumental. Inspirado muy a menudo en el coral protestante, Albert consiguió dar al lied alemán su carácter nacional. También fue de gran importancia el poeta y compositor Johann Rist (1607-1667), quien compuso lieder siguiendo el estilo simple y lírico exigido para este género. Otro nombre culminante en el arte liederístico de esta época fue el de Adam Krieger (1634-1666), quien escribió melodías de tan alto valor lírico como que las posteriormente elaboraron Schubert, Schumann o Brahms.

Un hecho determinante en la evolución ulterior de este género fue la aparición del piano, al finalizar la época del bajo continuo. Con el lied alemán recibió nuevos impulsos no sólo en el aspecto instrumental, sino también en el ideológico, pues durante el siglo XVIII los pensadores volvieron sus ojos a la naturaleza exigiendo del arte (Rousseau) que la describiera.

Uno de los iniciadores de este nuevo estilo fue el poeta Friedrich von Hagedom (1708-1754), siendo Georg Philipp Telemann (1681-1767) quién musicó sus versos junto a Johann Valentin Górner (1702-1762). También compuso este tipo de canciones un hijo de Johann Sebastian Bach, Carl Philipp Emanuel, el cual se basó en poemas de Christian Fürchtegott Gellert y de Johann Heinrich Voss. No obstante, quien consiguió realizar el ideal de su época fue Johann Abraham Schulz (1747-1800), gran admirador de Haydn, al escribir sus canciones en un estilo lo más simple y natural posible.

Los primeros compositores que pusieron música a textos de Goethe (indudablemente el poeta al que más han recurrido los autores de lieder) fueron Johann Friedrich Reichardt (1752-1814) y Carl Friedrich Zelter (1758-1832).

Para Goethe el mejor tipo de lied existente era el estrófico, es decir, el que expresa el clima general de todas las estrofas, pero sin tener en cuenta los cambios de estado en que se producen en cada una de ellas en particular; según él, éste era el tipo que se acoplaba mejor a sus textos. Uno de los primeros compositores en escribir un ciclo de lieder basándose un solo poeta (Johann Gottfried Herder) y en un solo tema fue Christian Neefe (1748-1798), uno de los maestros de Beethoven.

Los clásicos vieneses


Mozart (1756-1791) fue el primero de ellos que influyó en la evolución de este género. Sólo tiene una composición basada en un texto de Goethe, el lied Das Veilchen (1785), que, junto con Das Lied der Trennung y Abendempfindung (1787), presagia lo que serán los lieder de Schubert.

Aunque Haydn (1732-1809) fuera veinticuatro años mayor que Mozart, sus melodías son posteriores a éste, y, siguiendo el estilo mozartiano, compuso un lied basado en un texto del Wilhelm Meister de Goethe titulado Heiss mich nicht reden, obra magistral que supera a todas las versiones escritas sobre estos mismos versos. Aunque Haydn también compuso melodías con textos ingleses, éstas pertenecen claramente a la nueva etapa del lied alemán, ya muy cercano a Schubert; son ejemplo de ello She never told her love, de Shakespeare, y O tuneful voice y The wanderer, de Anne Hunter.

La obra liederística de Haydn se vio coronada por Gott erhalte Franz den Kaiser, obra que hasta 1918 fue el himno nacional austríaco y, posteriormente, se convirtió en el himno nacional alemán.

Con Beethoven (1770-1827), el lied clásico consiguió su forma perfecta. Entre 1783 y 1820 compuso 93 melodías, todas ellas de una gran variedad formal, siendo Goethe su poeta predilecto; incluso algunas de ellas parecen prefigurar lo que serían más larde los lieder de Hugo Wolf, ya que Beethoven, al igual que él, era un enamorado de las obras cíclicas.

Schubert y el «lied» romántico


Una construcción melódica perfecta, el enriquecimiento de las formas y el acompañamiento individualizado del piano, elementos a los que ya habían recurrido los clásicos vieneses, junto al interés por la interpretación psicológica de las palabras, llevó a lo que se conoce como lied romántico.

Schubert (1797-1828) compuso más de seiscientas melodías de este tipo (de las que sesenta y seis están basadas en poemas de Goethe) y tres ciclos, dos de los cuales -Die schóne Müllerin (La bella molinera, 1823) y Winterreise (Viaje de invierno, 1827-28), este último escrito bajo los efectos de la muerte de Beethoven- utilizan poemas de Wilhelm Müller; para el tercer ciclo, Schwanengesang (El canto del cisne, 1828), se basó en textos de Heinrich Heine.

Aunque la mayoría de los músicos románticos alemanes pertenecieron a una clase intelectual muy vinculada a los movimientos literarios de esa época, Schubert fue una excepción al respecto, pues siempre se mantuvo al margen de los círculos artísticos. Antes que un interés por la riqueza de las palabras, Schubert mostró mayor inclinación por el sentimiento poético, por la atmósfera creada por éste; así pues, el poema tiene en sus composiciones más que nada un sentido conductor, es decir, es algo que influye globalmente en el ánimo de la persona, siendo la música un acompañante fiel de este estado. Sus melodías no se molestan en subrayar las palabras claves, como amor, dolor o muerte, sino que expresan todo un universo de estados anímicos y sentimientos humanos.

Otro romántico importante en la tradición liederística, y que hasta hace poco no ha ocupado el lugar que merecía, fue Felix Mendelssohn (1809-1847), quien compuso melodías sobre poemas de Heine (Neue Liebe y Auf Flügeln des Gesanges), Eichendorff (Pagenlied) y Lord Byron (Schlafloser Augen Leuchte), entre otros. Sus lieder guardan una estrecha relación con los de su amigo Robert Schumann (1810-1856), quien con su Dichterliebe (Los amores del poeta), sobre poemas de Heine, o con su Frauenliebe und Leben (El amor y la vida de una mujer), sobre textos de Adelbert von Chamisso, entre muchos otros, es una de las cimas de la música vocal romántica; sus acompañamientos pianísticos son, a menudo, una ayuda para los pequeños motivos del texto, consiguiendo con ellos una perfecta comunión con las resonancias más profundas del poema.

Los lieder de Franz Liszt (1811-1886) y de Richard Wagner (1813-1883) fueron una novedad en el aspecto armónico y en el tratamiento de la parte pianística. Bajo este aspecto cabe destacar también la modesta obra del poeta y compositor Peter Cornelius (1824-1874).

La evolución del lied en la segunda mitad del siglo XIX va unida a los nombres de Johannes Brahms (1833-1897) y de Hugo Wolf (1860-1903).


Brahms, enemigo del círculo creado alrededor de Wagner y Liszt, dedicó aproximadamente un tercio de sus composiciones al género vocal; en ellas, antes que plasmar una atmósfera determinada o conseguir una expresión realista del texto, logró escribir unas melodías maravillosas.

Si Brahms mostró siempre un gran interés por los cantos populares, Wolf se situó, en este sentido, en el lado totalmente opuesto, mostrándose muy exclusivista en la elección de sus poemas y dando preferencia a las obras cíclicas, las cuales ejercieron una notable influencia en sus sucesores.

El «lied» contemporáneo


Gustav Mahler (1860-1911), con sus melodías sobre poemas de Rückert, Pfitzner y Eichendorff, representa el nacimiento, junto con las canciones de Richard Strauss (1864-1949), del lied contemporáneo o posromántico.

También tiene gran importancia en este campo Max Reger (1873-1916), con su personal estilo tanto en la melodía como en la declamación, y sus dos discípulos Joseph Haas y Othmar Schoeck.

El ciclo Das Buch der hangenden Gärten (El libro de los jardines colgantes) basado en los poemas de Stefan George, escrito por Arnold Schönberg (1874-1951) antes de su etapa dodecafónica, representó una gran contribución a este género vocal en su época contemporánea; citemos también a Paul Hindemith (1895-1963), quien enriqueció el género con sus ciclos Die junge Magd, sobre textos de Georg Trakl, y Das Marienleben, basado en poemas de Rainer Maria Rilke.


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