ÓPERA CÓMICA


El término ópera cómica se refiere al género musical surgido en los inicios del siglo XVIII a partir de las formas precursoras de la ópera seria. Consiste en una serie de números musicales, tales como duetti, arias, coros, romanzas, etc., entre los que se intercalaban diálogos hablados, todos ellos enlazados por una línea argumental generalmente de carácter humorístico o desenfadado. Se cultivó con profusión en Italia y Francia, adoptando diferentes formas en cada uno de estos países. 

 
Los orígenes de la ópera se remontan a los postreros años del siglo XVII, cuando los teatros de Francia ofrecían representaciones de farsas en las que se incluían algunas melodías muy conocidas por el público, con el fin de hacer populares ciertos textos teatrales de dudosa calidad, lo cual dio origen al género denominado vaudeville.

Otro antecedente musical de la ópera cómica fue, sin duda, la ópera buffa italiana, género nacido también a finales del siglo XVII, cuyo objeto era intercalar dentro de la ópera seria una pequeña pieza musical o intermedio de carácter cómico, en general dividido en dos partes. Con el tiempo, la ópera buffa adquirió un papel independiente de la ópera seria y se consolidó como género musical propio.

Entre las obras que mayor repercusión tuvieron sobre la evolución de la ópera cómica figuran Il trionfo dell'onore (1718), de Alessadro Scarlatti, La serva padrona (1733), de Giovanni Battista Pergolesi y, más tarde, Le nozze di Figaro (1786), de Wolfgang Amadeus Mozart, e Il barbiere di Siviglia (1816), de Gioacchino Rossini. 

 
De la fusión de las dos fuentes citadas surgió en los inicios del siglo XVIII un género típicamente francés, que, a diferencia del concepto italiano de ópera cómica (referido tan sólo a piezas operísticas con argumento cómico), comprendía las obras en las que se incluían partes habladas, fuera cual fuere su contenido temático, serio o cómico. En esta primera etapa evolutiva de la ópera cómica destacaron Les jumelles (1734) y La chercheuse d'esprit (1741), de Charles Simon Favart.

Mientras que en España esta misma noción de ópera músico hablada con carácter humorístico dio lugar a la célebre tonadilla, en Inglaterra fue la denominada bailad opera el equivalente histórico de este género, en el que destacaron durante el siglo XVII autores tales como Charles Dibdin y William Shield.

Alemania, por otro lado, ya cultivaba profusamente la forma popular de la ópera seria, el singspiel, con una fuerte dosis de humor y realismo; en la composición de tales obras sobresalieron Georg Benda, Christian Gottlob Neefe y Johann André.

Difusión del género

La comedia italiana y la ópera seria compitieron por la supremacía del panorama musical en los inicios del siglo XVIII minimizando, como es lógico, la difusión de la ópera cómica hasta prácticamente la primera mitad del siglo. Sin embargo, a partir del célebre conflicto ocurrido en la historia de la música del siglo XVIII, el cual pasó a la posteridad con el nombre de Querelle des buffons (Querella de los bufones), la forma recitativa de la ópera dio paso a un predominio de la capacidad expresiva de la música (independiente del texto), así como del actor y del compositor.

Muy poco más tarde, y en parte debido a este hecho, se abrió una nueva brecha entre las óperas cómicas basadas en la estructura del vaudeville y las construidas a partir de un número variable de pequeñas canciones o ariette, forma que permitió la consolidación definitiva de la ópera cómica como género.

Autores de notable importancia para el desarrollo del género en Francia fueron Pierre Alexandre Monsigny, con obras como Rose et Colas (1764) y Le déserteur (1769), con predominancia de una carga emocional en sus argumentos; Frarwois-André Philidor, con Blaise le savetier (1759) y la célebre ópera Tom Jones (1765), y André Grétry, con Richard Coeur de Lion (1784) y Guillaume Tell (1791), mediante las cuales se especializó en sublimar la trama heroica de sus obras. Destacaron así mismo Stanislas Champein y Franwis Joseph Gossec, éste con Le tonnelier (1765).

Con la llegada del siglo XIX, la ópera cómica, tan ampliamente difundida por toda Europa, dio lugar al nacimiento de una nueva forma derivada, la operetta. al mismo tiempo que recibieron un gran impulso otros géneros de similares características, como la comedia lírica y la ópera bulla italiana.

En tan vasto panorama de difusión de la ópera cómica cabe destacar autores tales como Luigi Cherubini, con su ópera Lodoiska (1791); Henri Montan Berton, con Aline, reine de Golconde (1803); Giovanni Paisiello, con obras diversas; François Adrien BoYeldieu, con Les voitures uersées (1808) y La dame blanche (1825); Daniel Auber, con Fra Diavolo (1830); Ferdinand Hérold, con Zampa (1831), y ya en la segunda mitad de la centuria, Charles Gounod, con Le médecin malgré lui (1858); Camille Saint-Saéns, con La princesse jaune (1872), y muy particularmente Georges Bizet, con la celebrada ópera Carmen (1875).

A partir de entonces (esto es, desde los postreros años del siglo XIX), la ópera cómica empezó a fundirse estilísticamente con la opereta y la ópera bulla, bajo cuyos patrones ha sido cultivada, ya con escaso valor como género independiente, en nuestro siglo.


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