¿QUE ES UN ORATORIO?


Se entiende por oratorio un género vocal de carácter religioso (aunque no litúrgico) elaborado con elementos dramáticos y narrativos que, si bien se ha cultivado desde el siglo XVII hasta nuestros días, fue en el Barroco cuando vivió su momento de mayor esplendor, especialmente en Italia.

Excepto por el gran énfasis dado a los coros y por carecer de representación visual o escénica, el estilo y los números musicales del oratorio se aproximan a los de la ópera, con la que ha mantenido una estrecha relación a lo largo de su historia.

 
El origen de este género musical se encuentra en las reuniones que se celebraban en la Congregazione dell'Oratorio en Roma (de ahí su nombre), fundada por San Felipe Neri (1515-1595).


Este tipo de encuentros espirituales consistía en una serie de lecturas bíblicas y de meditaciones, a las cuales se les unían el canto de laudes o canciones devocionales, cantadas generalmente en forma dialogada, aunque sin una estructura formal definida.


El primer testimonio que nos ha llegado acerca de la representación de un oratorio es la obra Rappresentazione di Anima e di Corpo, de Emilio de Cavalieri, estrenada con gran pompa en el convento romano de Santa Maria in Vallicella en febrero de 1600, en la que se expone un amplio diálogo con música entre el Alma y el Cuerpo.

Otros diálogos importantes fueron los de Giovanni Francesco Anerio (1567-1630), quien incorporó en sus obras coros narrativos. El desarrollo del bel canto ayudó a evolución del oratorio, por lo que ambos géneros se mantuvieron siempre relacionados en sus avances técnicos, aunque el segundo utilizaba un narrador y daba gran importancia a los coros, cosa que la ópera no hacía. A partir de mediados del siglo XVII, en Roma se practicó el oratorio latino y en Italia septentrional el oratorio volgare, escritos en latín y en lengua vernácula respectivamente. 

 
El oratorio consistía, generalmente, en un tipo de composición sacra (aunque también existían oratorios con textos profanos) escrita para solistas, coro y orquesta, y que no se escenificaba, sino que se interpretaba en forma concertante. La figura más importante era la del narrador, historicus o testa, quien, utilizando los recitativos, iba explicando el desarrollo de la acción; los temas se basaban en el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como en las leyendas de santos.

El compositor más importante de oratorios del siglo XVII fue Giacomo Ca-issimi (1605-1674) —perteneciente a la escuela romana—, quien llevó este género a su máximo desarrollo. En sus oratorios el coro tenía un doble carácter, como ocurría en la tragedia griega, es decir, por una parte, podía actuar como protagonista y, por otra, como elemento que reflexionaba sobre la acción; en otras ocasiones, el coro también narraba la acción junto con el historicus.

Entre sus oratorios destacan Jephte, Jonas y Judicium Salomonis. El estilo de los oratorios de Carissimi fue llevado a Francia y a Alemania por sus discípulos Antonio Draghi, Alessandro Stradella y Marc-Antoine Charpentier.

Como dato curioso, cabe señalar que también en Polonia se escribieron oratorios, siendo el primero de ellos Audite mortales, compuesto por Bartromiej Pekiel. Alessandro Scarlati (1660-1725), perteneciente a la escuela napolitana, aportó al oratorio los avances técnicos y expresivos desarrollados en la ópera, como es el caso del recitativo secco, del recitativo accompagnato y del aria da capo; pero fue en Haendel en quien cristalizaron todos los descubrimientos hechos al respecto.

Los oratorios de este compositor, entre los que destacan Esther (1732), Israel in Egypt (1739), Messiah (1741) y Judas Maccabaeus (1746), son los primeros escritos en lengua inglesa, y constituyen casi óperas en cuanto a su riqueza. También contribuyó Haendel a implantar el oratorio profano,
con obras como Alexander's feast (1736) y The triumph of time and truth (1757), que son verdaderas óperas pero cuyo destino excluía que fueran llevadas a la escena.

En la Alemania protestante existió cierta tradición en la composición de oratorios a partir de mediados del siglo XVII. Al texto de estas obras se añadían generalmente poesías libres de carácter lírico-dramático, por lo que estaban más cerca de una composición tipo cantata o de una Pasión que de un oratorio propiamente dicho; en realidad el Oratorio de Navidad, de Johann Sebastian Bach, compuesto en 1733-1734, no es más que un ciclo de seis cantatas. Lo mismo puede decirse de sus otros dos oratorios (el de Pascua y el de la Ascensión).

De todas formas, aunque diferían de los oratorios católicos, durante el siglo XVIII los oratorios alemanes fueron corrientes en la vida musical de este país, teniendo como principales representantes a Reinhard Keiser, Johann Mattheson, Georg Philipp Telemann y Carl Philipp Emanuel Bach.

A finales del siglo XVIII, el oratorio se vio sometido a cambios, sobre todo de la mano de Joseph Haydn, autor de cuatro obras de este género, entre las que destacan Die Schópfung (La Creación, 1798) y Die Jahreszeiten (Las estaciones, 1801), compuesto este último, en realidad, por cuatro cantatas.

Ya en la centuria siguiente este género continuó evolucionando en las obras de Beethoven -Christus am Oelberg (Cristo en el monte de los Olivos, 1800)-, Mendelssohn -Paulus (1836) y Elias (1846)- y Spohr, inspiradas, sobre todo, en los coros de los oratorios de Haendel.

Posteriormente Schumann y Liszt también escribieron obras de este tipo; del primero destaca Das Paradies und die Peri (El paraíso y la Peri, 1841-1843) y del segundo Die Legende von der Heiligen Elisabeth (Leyenda de Santa Isabel, 1857-1862).

En Francia el oratorio, que ya había alcanzado un notable desarrollo durante el siglo XVIII de la mano de Mondonville, Gossec y Philidor, ocupó un lugar importante durante todo el período romántico, con autores como Lesueur, Méhul, Berlioz, David, Franck, Gounod y Saint-Saéns. Estos cuatro últimos compositores volvieron a llevar al oratorio a su órbita religiosa y recurrieron al leitmotiv y a los temas gregorianos.

Ya entrado el siglo XX, cabe destacar que no han existido líneas generales en cuanto al contenido o la estructura formal de este tipo de obras; sin embargo, existen oratorios con características personales, como The dream of Gerontius (El sueño de Geroncio, 1900), de Elgar; Le poéme de l'extase (El poema del éxtasis, 1905-1908) y Prométhée, le poéme du feu (Prometeo, el poema del fuego, 1905-1908), de Scriabin; Le roi David (1921) y Jeanne d'Arc au búcher (Juana de Arco en la hoguera, 1935), de Honegger; Oedipus rex (1927; ópera-oratorio profana), de Stravinski; Die Jacobsleiter (La escala de Jacob), de Schónberg (1917-22; representado en 1958); A child of our time (Un niño de nuestro tiempo, 1941), de Tippett; Spiritus intelligentiae sanctus (1955; escrito para cinta magnética), de Krenek; La transfiguration (1969), de Messiaen, o el Dies irae (1967), de Penderecki.


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