EL ESTUDIO MUSICAL


El término «estudio» se aplica a ciertas composiciones de naturaleza didáctica, cuya finalidad es el desarrollo de la técnica del ejecutante. El estudio puede ser instrumental o vocal, recibiendo en este último caso los nombres de «solfeo» o «vocalizado».
Aunque suele designar las piezas de música consagradas al perfeccionamiento de los instrumentos de teclado, existen estudios para todos los instrumentos, siendo muy importantes los dedicados al violín y a toda la familia de la cuerda. 

 
El estudio aborda una sola característica de la interpretación, o bien un grupo de motivos similares, por lo que presenta una acumulación de dificultades y problemas técnicos, como son los arpegios, escalas, dobles notas, gamas, octavas, etc., en el piano y demás instrumentos de teclado, o los pizzicati, sonidos armónicos, staccati, etcétera, en los instrumentos de cuerda. 

El estudio, destinado al perfeccionamiento de la técnica del ejecutante musical, se convirtió con maestros como Chopin, Liszt o Saint-Saéns en auténtica obra de arte, interpretada a menudo en concierto.
En general, los estudios se estructuran en forma binaria o de lied; sin embargo, se dan casos de estudios en forma de fuga e incluso de rondó. Debe señalarse que estas formas no son arbitrarias, pues responden a dos exigencias: por un lado, se trata de formas muy libres que facilitan la inserción del motivo técnico deseado, y por otro, ayudan a conferir al estudio un carácter de composición de concierto, fundamental en algunos de ellos, hasta el punto de que muchos estudios son más conocidos por sus interpretaciones en salas de concierto que por su función pedagógica. 

 
Esta doble finalidad del estudio se observa ya en los primeros ejemplos, que datan de los siglos XV y XVI. En este período se escribieron ya ciertas composiciones con fines didácticos para el clavicémbalo, el órgano y el laúd, si bien recibían los nombres de preludio, ricercare o variación. 

En el siglo XVII, en Italia, y merced a Girolamo Frescobaldi y Alessandro Scarlatti, se sucedieron las tocatas, a las que se añadían en ocasiones ciertas indicaciones pedagógicas.

La enorme importancia de Johann Sebastian Bach se hace también patente en el campo del estudio. Sus Invenciones y Sinfonías a dos o tres voces son verdaderos estudios de estilo contrapuntístico; así mismo el clave bien temperado puede ser contemplado bajo un prisma didáctico. El sistema cultivado por Bach en sus composiciones pedagógicas consistía en una serie de pequeña piezas fáciles que alternaban con otras de mayor dificultad técnica, las cuales iban acrecentando progresivamente su complejidad. El método Bach fue seguido por todos los compositores pedagogos del siglo XVII.
En el siglo XIX escribieron estudios casi todos los virtuosos del piano, como Bertini, Stamaty, Cramer, Le Couppey y Clementi.
Consagrados compositores crearon también obras destinadas a fines pedagógicos, pero que eran interpretadas a menudo en concierto; entre ellos citemos a Chopin, Liszt o Saint Saëns, cuyos Estudios para la mano izquierda son muy apreciados en la actualidad.
Posteriormente, músicos como Stravinski, Milhaud o Messiaen compusieron estudios de gran dificultad.


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