HISTORIA DE LOS GRANDES COROS


El coro es el agrupamiento de varias voces para el ejercicio de la interpretación musical por medio del canto. En el caso de que el coro actúe solo, sin acompañamiento orquestal, se dice que lo hace a capella.
Presente tanto en la música religiosa como en la profana, en la ópera como en la canción popular, el coro es una formación peculiar por la fuerza y la emoción que puede transmitir, cualidades éstas, que se subrayan con la enorme capacidad de combinación de sus masas vocales.


Su función no ha consistido únicamente en secundar las melodías vocales o instrumentales de los solistas, ya que muchos compositores han dedicado su esfuerzo a la escritura de estricto carácter coral.

Una de las primeras referencias que poseemos acerca de la existencia de un coro data del siglo XIII antes de nuestra era; la iniciativa partió del músico griego Filame.
En la antigua Grecia, los cantos guerreros y las danzas eran interpretados por coros. Así mismo, en las representaciones escénicas, existía un grupo de personajes que permanecían como espectadores durante el curso de la acción, pero en los intermedios comentaban, cantando al unísono, los acontecimientos narrados en la escena, tratando así de contagiar al público las impresiones que el acto les estaba produciendo.
Esta tradición se conservó en las representaciones efectuadas posteriormente en la escena romana. Cabe señalar que, tanto en Grecia como en Roma, el coro cantaba al unísono, e incluso, si se efectuaba algún acompañamiento instrumental a la parte vocal, el instrumento (en Grecia generalmente era el aulós, denominado tibia en Roma) no se desviaba tampoco de la melodía entonada por el coro.
Siguiendo en esta línea, los primeros coros de la Iglesia cristiana cantaban, como los coros griegos o los romanos, al unísono, pudiendo participar niños en el mismo, que entonaban la melodía una octava más alta que los adultos, pero siempre conservando la uniformidad.
Fue a partir del siglo X cuando se comenzó a establecer la división entre los distintos registros vocales para posibilitar la ejecución de las diversas partes de la escritura polifónica. Se distinguieron así las voces graves y agudas de hombre de las voces graves y agudas de niño. Las voces de mujer no serían admitidas en los coros de las iglesias hasta el siglo XVII.
Acaso la única manifestación coral religiosa en la que participaban las mujeres fuera el canto coral interpretado por monjas en los monasterios, pero se trataba de coros al unísono y todo hace pensar que éstas cantaban las mismas composiciones que los monjes, pero transportadas a la octava superior.
En cuanto a los coros que interpretaban música profana, en ellos participaban hombres y mujeres.
Al iniciarse el siglo XII, los compositores empezaron a escribir cantos a tres o a cuatro voces. En este período, pues, los coros comenzaron a diversificarse y se produjeron variaciones en su formación, ocasionadas a veces por la disponibilidad de una determinada cantidad de voces, o bien por las exigencias del tema a cantar.
Generalmente se distinguía el «pequeño coro», compuesto habitualmente de dos tiples y un contralto o tenor que hacía también de bajo, y el «gran coro», constituido por un mayor contingente de cantantes. Estos dos tipos de formaciones se alternaban a menudo, formando un doble coro, aunque de desiguales proporciones, puesto que el doble coro propiamente dicho solía estar formado por dos grupos iguales. Se trataba de dos formaciones enfrentadas que establecían una especie de diálogo entre ellos o bien se mezclaban, aunque conservando cada una su propia coherencia.
El doble coro recibió en Italia el nombre de cori spezzati, porque los dos coros se colocaban en distintas partes del edificio donde cantaban, ganando así en potencia sonora. Los cori spezzati fueron muy populares en la Italia del Renacimiento, especialmente en Venecia y Roma.
Actualmente, según su formación, se puede hablar de coros de hombres, coros de mujeres, con niños o sin ellos, coros de niños exclusivamente y coros mixtos. La combinación de mujeres y niños recibe el nombre de coro de voces blancas.


Componen el modelo más aceptado de coro mixto el formado por sopranos, contraltos, tenores y bajos, pudiéndose subdividir cada una de estas categorías en primeras y segundas contraltos y sopranos, y en primeros y segundos tenores y bajos.
En la ópera el coro disfruta de un papel preponderante, e incluso algunas obras son conocidas sobre todo por esta parte coral. Cabe citar en este apartado el coro de Boris Godunov de Musorgski y el «Va pensiero», de Nabucco, de Verdi.

Coros y orfeones
Algunos países gozan de gran tradición coral y cuentan con afamadas instituciones. Son de destacar algunas agrupaciones corales, como la de la Capilla Sixtina, los Wiener Sángerknaben (Pequeños Cantores de Viena), la Wiener Singverein y la Wiener Singakademie (agrupaciones fundadas en 1858), los londinenses Philharmonic Choir y New Philharmonia Chorus, la Schola Cantorum de Nueva York, el Coro de la Radio Bávara, el Coro Bach de Munich, los coros de las Óperas de Viena, Berlín, Milán, etc.
A esta, a todas luces corta, relación podrían añadirse los pequeños grupos corales dedicados a la difusión la música antigua, como Pro Cantione Antigua y The Early Music Cosort, de Londres.
En el siglo pasado, y por influencia del espíritu romántico, se difundió la creación de instituciones corales populares, generalmente amparadas bajo nombre de orfeón; su impulsor en España fue Anselmo Mª Clavé.
Este movimiento se inició por el afán recuperar la canción popular y revalorizarla. Así, a mediados del siglo XIX, en numerosos puntos del centro de Europa se habían establecido ya las primeras agrupaciones corales que asumieron una función educativa social, siendo su finalidad última la formación musical del pueblo mediante la difusión y ejecución de música coral.
Entre los orfeones más representativos del ámbito hispánico, citamos el Orfeón Catalá y el Orfeón Donostiarra.


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