LA MÚSICA CLÁSICA ESCANDINAVA


Aunque no presentan una tradición musical conjunta, los cinco países escandinavos —Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia y Dinamarca— tienden a ser agrupados debido a su mismo origen y a su independencia con respecto a los restantes grandes grupos étnicos. Todos ellos han cultivado un arte musical con algunos puntos de contacto, pero también diferenciado por sus respectivas peculiaridades.

A continuación haremos una breve reseña de la historia musical de cada uno de los países escandinavos.

 
Noruega
De la Edad del Bronce (hacia el primer milenio antes de Cristo) datan los más antiguos restos que atestiguan la práctica musical en Noruega. Se trata de instrumentos de bronce cónicos, de cerca de dos metros de longitud y cuyo sonido es parecido al de la trompa (luur).

No se vuelve a encontrar en este país ningún rastro musical hasta principios de la Edad Media, cuando se hace mención en los poemas épicos (Eddas) de instrumentos como los cuernos, las arpas o las fídulas (violas de arco medievales).


El canto gregoriano se introdujo hacia el año 1000 con el cristianismo, si bien se mantuvo en un segundo plano a partir del siglo XII debido a la preponderancia de la polifonía. La forma más corriente de ésta consistía en un organum primitivo a dos voces, aunque, posteriormente, las técnicas europeas se introdujeron en Noruega, comportando el cultivo de unas formas más avanzadas.
A mediados del siglo XVI se compusieron motetes en el estilo renacentista, que constituían, junto a las misas que habían llegado con la Reforma, la principal fuente de producción musical del país. La época barroca se caracterizó por el cultivo de una música de clara influencia alemana.
Los principales compositores de este período fueron Meyer y Von Bertouch, de origen alemán, autores de cantatas y música para órgano.
En el siglo XVIII se crearon las primeras orquestas estables, que permitieron la divulgación del repertorio clásico, y aparecieron nombres como Johan Henrik Berlin (1741-1807), autor de sinfonías y cantatas de profunda inspiración clasicista. Las corrientes nacionalistas fueron las principales responsables de la creación de una música romántica con raíces autóctonas. Entre los compositores de este período destacan Ole Bornemann Bull (1810-1880) y, sobre todo, Halfdan Kjerulf (1815-1868), quien supo aunar los elementos provenientes del folklore con la tradición romántica alemana. A él se deben las bases de una música verdaderamente nacional, que propiciarían la aparición del gran nombre de la música noruega: Edvard Grieg (1843-1907), originalísimo compositor de heder y poemas sinfónicos y primera figura del Nacionalismo noruego. El siglo XX ha contemplado la creación de obras dentro de las más variadas tendencias: desde seguidores del Posromanticismo hasta los mas innovadores compositores seriales, pasando por impresionistas. 

 
Suecia

Los vestigios prehistóricos se remontan también en el caso de Suecia hasta la Edad del Bronce, esta vez en forma de representaciones rupestres de manifestaciones musicales. Sin embargo, a pesar de registrar una existencia tan antigua en la historia, la música sueca no presenta una vitalidad tan grande como la noruega. Así pues, excepto en lo que respecta al canto gregoriano, introducido en el siglo IX, la música no debió de tener excesiva importancia en esta nación. Hasta el siglo XV no aparecieron las primeras formas polifónicas, de carácterísticas muy primitivas.

Hubo que esperar hasta el siglo XVI para asistir al auge del cultivo de la música, llegando con la Reforma. De esta época danta la Svenska mässan (misa sueca), ejemplo de canto litúrgico protestante en lengua sueca, y la creación de motetes y madrigales polifónicos de estilo renacentista.

El estéril siglo XVII dio paso a un fecundo XVIII que contempló la creación de la capilla de la corte y la Academia Real, verdaderos focos de creación musical. Las formas más cultivadas continuaron siendo las religiosas, si exceptuamos al brillante músico Ferdinand Zellbell, influido por las corrientes italianizantes y autor de óperas y música instrumental.

Los compositores del siglo XIX, como Eric Gustav Geijer (1783-1847) o Franz Berwald (1796-1868), se caracterizaron por su inclinación a la música que en Alemania producían Weber o Mendelssohn. La principal figura del Romanticismo sueco fue August Söderman (1832-1876), quien, bebiendo de las fuentes del folklore de su país, escribió una música inspirada en el lenguaje de Liszt y Wagner.

Los comienzos del siglo XX estuvieron marcados por el influjo posromántico (Hugo Alfvén, 1872-1960), mientras que las últimas tendencias seriales están representadas por Maurice Ingvar Karkoff (n. 1927) y, sobre todo por Hans Eklund (n. 1927).

Dinamarca

Como en Noruega, los primeros testimonios de una vida musical nos han llegado en la forma de instrumentos prehistóricos, de las mismas características que los hallados en aquel país vecino. En la Edad Media se registró la existencia de cantos litúrgicos, pero a causa del tremendo influjo de Alemania sobre Dinamarca, discernir el origen de los pocos cantos que se han encontrado es una tarea ardua. Sólo el canto popular pudo escapar de la influencia extranjera y se erigió como única música totalmente autóctona del período medieval.

A finales de la Edad Media se practicaron liturgias de inspiración alemana y hasta la época de la reforma la lengua danesa no se integró en los oficios religiosos. La aparición de una música de interés artístico no tuvo lugar hasta fines del Renacimiento.

A mediados del siglo XVII, el rey Cristián IV se interesó enormemente por la música y convirtió su corte en uno de los centros musicales de la Europa septentrional. Los músicos daneses fueron enviados a Italia a estudiar, y de ello surgió la primera hornada de compositores de entidad, destacando el madrigalista Mogens Pederson (h. 1583-1623).

 El mayor compositor danés del Barroco fue Dietrich Buxtehude (h. 1637-1707), que emigró a Alemania, donde obtuvo sus mayores éxitos.

Aunque la ópera estuvo prohibida durante muchas décadas del siglo XVIII, a mediados de esta centuria se intentó crear un arte lírico nacional, pero los ejemplos de este período carecen de importancia artística.

En el campo instrumental destaca la aportación del alemán Johann Abraham Peter Schulz, quien marcó la trayectoria de los autores del siglo XIX hasta la aparición de Niels Gade (1817-1890), Johann Peter Hartmann (1805-1900) y, sobre todo, Peter Haise (1830-1879), autor de óperas en las que revivió el espíritu nacional que se había perdido con la influencia vienesa.

Una vez más, el brillo de un compositor apagó el de otros autores de cierta valía; fue el caso de Carl Nielsen (1865-1931), el mayor compositor de la historia musical danesa. Escapando a las tendencias posrománticas e impresionistas, Nielsen creó una música personal con reminiscencias del Romanticismo de Brahms. Fue autor de sinfonías, óperas y música de cámara.

Los músicos más destacados del siglo XX son Leif Thybo (n. 1922) y Jan Maegaard (n. 1926), cultivadores de las más modernas tendencias electro-acústicas.

Islandia

La música en Islandia dista considerablemente en importancia de la de sus países hermanos. Ello se debe a los muchos años de dominación, primero noruega y más tarde danesa, que el territorio ha sufrido.

El primer manuscrito que da testimonio de una vida musical data del siglo XV y presenta una colección de cantos semejantes a los que se producían en el resto de Europa en el siglo X, lo cual pone de manifiesto el atraso de esta cultura.

Hacia el siglo XVII creció el interés por las formas musicales, registrándose ejemplos de misas reformistas de escaso interés artístico; posteriormente no se ha producido otra manifestación de tal importancia. Baste señalar que no se empezó a publicar música en Islandia hasta 1932, fecha que constituye un fiel exponente de la escasa entidad de su producción musical.

Finlandia

La prehistoria de la música finlandesa sólo puede deducirse de los cantos populares que aún hoy siguen interpretándose, pues hay razones para pensar que algunos de ellos derivan de los primitivos cantos fineses.

La primera música culta que se practicó en Finlandia fue el canto gregoriano, introducido hacia el año 1150, el cual se interpretaba según los cánones franceses. Durante toda la Edad Media, los centros musicales más vivos fueron las iglesias, en especial la de Turku, entonces capital de la nación. En ellas se practicaban preferentemente cantos monódicos, aunque se ha registrado la existencia de cantos a dos voces, deudores del Ars Antigua. Los cantos siempre se interpretaron en lengua latina hasta la Reforma, período en el que el finés se introdujo en el culto, en ocasiones con la estructura de corales luteranos de origen alemán.

En el Barroco desempeñó de nuevo un papel primordial la vitalidad de la ciudad de Turku, esta vez con la creación de su universidad, fundada en 1640, donde se escribieron los primeros tratados musicales.

En 1790 se creó la primera sociedad de música y su orquesta fue la cuna de compositores como Tulindberg y Crusell, virtuoso clarinetista.

Las guerras entre Suecia y Rusia por hacerse con el territorio finlandés truncaron en cierta medida el auge cultural que se vivía en Turku, y la misma ciudad llegó a ser destruida en 1827, heredando la capitalidad la ciudad de Helsinki, que con la creación de su universidad,  pasó a ser el centro de la vida musical.

Los compositores del siglo XIX fueron poco más que aficionados. Se tuvo que aguardar a la aparición de Jean Sibelius (1865-1957) para que la música finlandesa alcanzara un grado de madurez que hasta entonces no había disfrutado.

Sibelius pasó de un Nacionalismo fervoroso en su juventud al culto de la tradición europea en su madurez, época en la que compuso sinfonías, canciones y un concierto para violín.

La figura de Sibelius, a caballo entre los siglos XIX y XX, eclipsó ostensiblemente la producción de otros autores finlandeses del siglo XX. Sólo algunos entre los que destaca Uuno Klami (1900-1961), alumno de Ravel, pudieron escapar a su influjo. 


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