¿QUE ES UNA FANFARRIA?


El término fanfarria abarca una doble significación: por un lado, hace referencia a una especie de cuerpo de música formado exclusivamente por instrumentos de percusión (bombos, timbales, etc.) y de metal (trompas, trompetas, clarines, etc.); por otro, y el más importante, indica el tipo de composición que suele interpretarse con dichos instrumentos. En este sentido, la fanfarria, desarrollada en sus orígenes al aire libre, pasó con el curso de los siglos a los salones palaciegos, como una ornamentación sonora. 

 
Aires militares y de caza han constituido a lo largo de la historia el repertorio tradicional de la fanfarria.

En el primer caso, su música está formada por estribillos breves y brillantes o por cortas melodías de carácter marcial y andadura solemne, destinadas a su ejecución en acompañamientos de séquitos o paradas, sirviendo como sostenedoras del ritmo de la marcha de la tropa. 

Fiestas y ceremonias gustan de lo mismo, dado que su carácter es a la vez popular y majestuoso. Testimonios de la pompa y el triunfo militar, las fanfarrias —que en el Medievo eran tocadas con trompas de plata ornadas de bellas estolas y paños— servían al mismo tiempo de regocijo civil. 

 
En Inglaterra, las fanfarrias eran ante todo los flourishes, es decir, los «preludios» tocados antes de la batalla, mientras que en Alemania y otros países del norte eran tan frecuentes que sonaban desde las torres, incluso para señalar la hora.
Estas melodías de guerra son el origen de las battaglie o batallas (composiciones polifónicas de sonidos onomatopéyicos) del siglo XVI.
En cuanto a los aires de caza, las fanfarrias sirven como señales indicadoras de los distintos lances de este deporte. El Recueil de fanfares pour la chasse, á une et á deux trompes del marqués de Dampierre (siglo XVIII) es el ejemplo más característico de esta clase de toques para cualquier circunstancia de caza; así como la Fanfare Royale (de la época de Luis XV) o la Petite Royale (para la caza del jabalí).
Si bien la fanfarria se usó en las suites orquestales del siglo XVIII, fue en la ópera donde alcanzó cotas de plena dignidad. Se la encuentra en pasajes de, por ejemplo, Castor et Pollux, de Rameau; Olympie, de Spontini; Hamlet, de Thomas; Fidelio, de Beethoven; actos I y II de Carmen, de Bizet; acto III de Otello, de Verdi; Aida, también de Verdi; Tannhauser y Tristán e Isolda, de Wagner; etc.
El carácter heráldico, y a la vez jubiloso, de la fanfarria ha atraído a los compositores de todas las épocas, desde Lully hasta Copland, quien en 1942 estrenó una Fanfare for the common man, para viento y percusión, y en 1969 Inaugural Fanfare, para instrumentos de viento.

Finalmente hay que señalar que, en la actualidad, la difusión civil de la fanfarria se ha extendido a motivos como músicas para películas, manifestaciones deportivas u otros eventos gimnásticos.

 

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